te dije que ésto tenía potencial

tá lindo…
pero yo…

a estas dos cosas que parecen terrible porquería

les veo un enorme potencial
la primavera pegó con onda reciclaje (como siempre y en todo sentido). desempolvamos la lijadora, tenemos las lijas, la cera en pasta y la cola a mano para empezar a transformar mueblecito muy viejo comprado en almacén muy viejo ($50).
y ahora, en una hora aprox., me voy a negociar con los cartoneros que me ganaron de mano y se llevaron un pie de máquina de coser de hierro de la basura.
update: después de arduas y ásperas negociaciones el pie de la máquina de coser se va a casita ($10)

betty se apareció el jueves con belliana (regalo de pascua) bajo un brazo y con dos platitos y una bolsa de alimento balanceado bajo el otro. todo bien, somos bicheras las tres y un animal más nos complace. ya aprendió a hacer pis en un diario, no destroza nada, se lleva bien con los gatos de la casa. el único inconveniente es que no quiere quedarse sola y ladra…
y mi consultorio está en un entrepiso con lo cual se queda sola y ladra…
y era bancarse media sesión con aullidos de fondo…
o cortar por lo sano…
digamos que ahora belliana forma parte del equipo terapéutico.
y nadie se quejó
pero…
con título de especialista
una de cal
una de arena
y el universo se va equilibrando pasito a paso

a pesar de todo tratamos de ponerle onda a la vida y arrancamos la semana estudiando a full para que el sábado aparezca el cartón que acredite que una es, entre muchas otras cosas, especialista en familia y pareja.
cuando era chiquita iba a la colonia de Ferro, cosa que odiaba con toda mi alma, te juro. siempre fui de culo más bien pesado (lo sigo siendo) y detestaba la combi, el estar todo el día a rayo del sol, correr, trepar, las competencias, la coca caliente en la cantimplora de plástico, todo, todo. y la pileta, otra tortura. no sabía nadar así que me mandaron de una a la pileta chica, y ahí meta patalear agarrada del borde, inflar los cachetes con aire y largarlo despacito debajo del agua, etc etc etc. como sea, aprendí, aunque siempre me hice la gila porque si se daban cuenta de que sabía me pasaban a la pileta honda, la de los trampolines, y me daba pánico. así que me quedé para siempre en la pile chica yendo y viniendo cerca del borde sabiendo que hacía pie. todo bien, hasta que un verano, free, no colonia, tres meses a la casa de Ñata en Reconquista, que debo decir, para mí era la gloria. claro, imaginate, Ñata toda para mí dándome todos los gustos, dos pianos que no sabía tocar pero que aporreaba cuando se me ocurría, olvidarme de los zapatos, tener la pelopincho en el jardín y la biblioteca del piso al techo. pero Ñata que sabía de la pesadez de mi culo al tercer día me cerró de un saque lo que estaba leyendo (creo que Las Tumbas) alegando que no eran cosas para chicos, me cazó del brazo, me llevó al Tenis (el club que quedaba a dos o tres cuadras) y me anotó en la pileta. -¿¿y para qué si acá en tu casa hay una?? -no te hagás la tonta que la pelopincho casi que no es una pileta. al otro día pasó a buscarme Silvina, una amiga que iba al club todos los días, y allá fuimos, yo, obvio, con mi mejor cara de orto. cuando salimos del vestuario ¡horror de los horrores! había dos piletas, una para los bebés y otra que en la parte más bajita tenía más o menos 2 mts de profundidad. ni muerta me metía en la de los chiquitos con todo el pueblo, bueh! no todo, pero sí Guille ¡qué lindo era Guille!, mirando. y en la otra… dios! que cagazo ¿entendés? yo ya sabía nadar, pero necesitaba la seguridad del borde y de hacer pie y ahí, nada. y Silvina desde el medio del agua que me llamaba, y Guille que miraba y yo… cerré fuerte los ojos y me tiré y pensé que si me ahogaba no importaba porque ya no iba a darme cuenta de la vergüenza que estaba pasando por haberme ahogado. la cosa es que tragué un poco de agua pero no me ahogué. me quedé en un rincón de la pileta más que embolada mientras todos a mi alrededor parecían estar de lo más divertidos, y fue tal el embole que me fui soltando de a poquito y alejándome también de a poquito del borde. y sí, nadé, y me di cuenta de que era igual que nadar en un lugar en el que hacía pie pero sin hacer pie, pero no importaba hacer pie porque sabía nadar y de hecho, lo estaba haciendo.
y qué querés que te diga? no está Ñata, no estoy en Reconquista, no hay pileta honda, no está Guille viendo, pero es igual de difícil e igual, supongo, de fácil.
mirame,
estoy cerrando fuerte los ojos.
primereando el nacimiento de la tardecita entogareme, embirretareme y enfilaré montada en taquitos hacia parral y la vía. diré: he llegado y, al final de la frase “por lo que habéis vocado” exclamaré: sí, juro. no remontaré birrete cual barrilete cósmico, porque el que el que cuelga, pincha, rompe, paga, pero me empedaré de lo lindo junto a los beodos de siempre. y a partir de hoy, correctamente jurada, titulada y próximamente matriculada, podré exigir con la frente bien alta: digamé licenciada.
gente, mañana 8 de marzo doy el último final. demás está decirlo, tengo un cagazo padre.
después les cuento.
Viste que estoy haciendo unas pasantías ¿no? La cosa es que elegí una por gusto y otra que no me gusta pero que me lleva poco tiempo, porque la verdad que el calor que hace me acobarda un poco y para que negarlo, quiero terminar de una vez por todas con todo esto. Te decía, de última elegí por vagancia, porque ya desde el vamos sabía que no me iba a gustar ESA, pero son nada más que cuatro encuentros y me dije que no son nada en comparación a los tres meses que duraban las otras, además estoy haciendo ESTA otra que sí me interesa. Y bueno, estoy yendo, y yo sé que soy prejuiciosa con lo que no me gusta pero quise darle changüí, porque después de todo puede aportar algo a mi futuro profesional, puede ser una herramienta válida (por más que el licenciado remarque que NO es una herramienta) y todas esas cosas que pienso yo a la hora de darle changüí a lo que no me gusta. Te contaba, hace dos miércoles que estoy yendo a la institución a escuchar al licenciado, y al principio, los primeros diez minutos, me pareció que tanto la institución como el licenciado abrieron las pasantías para reclutar gente (léase alumnos para post grado, pacientes, supervisiones, en definitiva, plata) pero como le estaba dando changüí deseché rápido esos pensamientos. Y ahí estaba yo con mi mejor predisposición cuando el licenciado empezó a hablar en dialecto, y encima, al mejor estilo Grondona, se mandó con la raíz latina de las palabras entrevista y preliminar, y qué querés, una no es de fierro, me agarré todos los prejuicios que había desparramado por el piso, cuando empezó a comparar la labor de la institución con lo que hacía Freud con el grupo de los siete anillos me los acomodé bien acomodados sobre los hombros y sacando pecho. Te juro, hice el esfuerzo sobrehumano de escucharlo y hasta me animé a un par de preguntas bien intencionadas como para salir de esa posición de yegua en que me había puesto, pero cada palabra que emitía el licenciado me hacía volver al yegüismo. Ahí, cuando tiró un par de palos a las otras líneas, me di cuenta que era un caso perdido igual que yo, así que abandoné los intentos de changüí, de escucha, de buena intención. ¿Y qué querés que te diga? El licenciado debe creer que gozo como loca ante su derroche de sabiduría lacaniana porque ve la sonrisa que no se me borra de la cara, pero lo que no sabe es que lo miro sin escucharlo y no puedo dejar de imaginármelo con un coro de licenciadas detrás, cantando afinadamente “ui ar de chempions, ui ar de chempions…”
Salgo tempranito tempranito, cumplo el ritual de exámenes. Despego de casa siete de la mañana para desayunar en el barcito de la facultad y dar una última leída (nótese, no digo repaso) al asunto. Carpeta bajo el brazo y estrenando vestido, parte del rito, ponerme algo nuevo. Arcángel plastificado en la billetera, plastificado y bendecido. Pucha, mirá que no es la primera vez que me acompaña pero nunca consigo acordarme el nombre de este cristiano y recién me fijé pero está todo escrito en ruso. Tá lindo el santito, iconografía rusa ortodoxa que me encaja Andrei, mi amigo el ruso, cada vez que rindo porque dice que es protector de no sé qué cosa, yo ante la duda embolso y luego restituyo. Pienso en Sassi y sus velitas, porque para mis finales le prende velitas a no sé quién, que seguro, seguro, católico apostólico romano no es, pero híbrido cristiano pagano gestáltico seguro, seguro, sí. Antes de cerrar la puerta me fijo si llevo el dibujo de la sirenita que hizo mi hija más chica para que me dé suerte. Enfilo para el subte. Línea B, hasta las manos como de costumbre, combinación con línea C hasta las manos también. Caminata por Independencia. Caras de susto, pánico y horror en el barcito con las mesas atestadas de apuntes. Cafecito, poca lectura, adrenalina a mil, primer piso aula 103. Entrega de libreta y explicación, Licenciada entrego el psicodiagnóstico ahora porque doy libre el teórico y el práctico nunca cursé gracias espero afuera. Cigarrillo abajo del cartel de prohibido fumar. Adentro, cinco preguntas en hojas selladas y foliadas, nivel basal de tensión, dos hojas, me desperezo como un gato estirando los brazos, bostezando con toda la boca, perdiendo la compostura. Me reubico en rol de alumna seria dando final libre, una hoja más de letras chiquitas y negras como patitas de hormigas y afuera. Cigarrillo abajo del cartel de prohibido fumar. Adentro, cinco minutos de peloteo oral cortito y al pie. Chau, buenos días, hasta luego. Línea C hasta las manos, no me puedo agarrar de ningún lado, no me importa, reboto por el vagón durante tres estaciones. Línea B hasta las manos, de casualidad consigo asiento, me adormece el traqueteo, estoy totalmente relajada. Dorrego, me paro de un salto, casi no llego a bajar. Placita Los Andes recién inaugurada con las rejas abiertas. Calor de morirse, qué ganas de andar descalza por el pasto. Aspersores prendidos, echando lluvia finita sobre las plantas, girando, chuff, chuff, chuff. Calor de morirse. Calor de morirse. Mah sí, yo me mando. Primer aspersor mojada de la nuca hasta la cintura, segundo aspersor costado izquierdo empapado, tercer aspersor mojada de la cintura hasta los talones. Buen día jefecito ya llegué. Buen día compañeros ya llegué, espalda mojada contra la pared, me queda un resto de recato. Marta, Santa Marta, sin que se lo pida, café triple en mano derecha, medialuna calentita con jamón y queso en mano izquierda que deposita en mi escritorio. Me duermo, me duermo, me duermo, no coordino. Me despabilo por la sorpresa ante gentileza de jefecito, tubito con botella de Chandon extra brut. De nuevo me duermo, me duermo, me duermo. Mala combinación rendir examen y después trabajar. Voy en cámara lenta física y mentalmente, estoy muy cansada, recién ahora me cae la ficha, me cae despacio, despacio, despacio, sólo quedan dos y a otra cosa mariposa, neuróticos del mundo temblad que el 2007 traerá nueva psicoloca.
La cosa es que acá estoy de vuelta che, borracha de sueño, cansada… con un ocho en la libreta.
Me voy hasta el jueves.
Hoy empiezo las prácticas de mi futuro ejercicio profesional.
El jueves rindo una materia libre, último final de diciembre, primero de la terna que queda antes del título.
La imagen que mejor describe este momento es la que subí, incertidumbre total.
El jueves les cuento si el oso aceptó mi beso o me arrancó la cabeza de un mordiscón.
Crucen los dedos, yo mientras me pongo a jugar a la licenciada y a estudiar en serio.
no sé muy bien por qué empecé a escribir en público, a lo mejor, como aquél que tararea bajito por la calle y el día que se cansa de reprimir su voz se pone a cantar con toda su alma, un día yo me cansé de la privacidad de mis papelitos y empecé a escribir con mis tripas, para mí y para el que quiera leerme. escribo desde siempre, desde que aprendí. escribo sin un fin, sin pensar. escribo sin tener idea de gramática, ni de estilos ni de giros. escribo porque me gusta. cuando mis dedos bailan torpemente sobre el teclado me inunda el placer, con cada palabra que vuelco me envuelve la tibieza del alivio. escribo y me purifico, me renuevo, me coloreo por dentro porque en cada letra estoy yo, en cada coma estoy yo, yo escribiendo, sintiendo, imaginando, recordando, yo, con mis ganas, mis frustraciones, mis alegrías, mis tristezas, yo siendo solamente yo o fundiéndome con quienes me tocaron el alma creando un yo nuevo, yo cambiando un pasado, un presente o un futuro propio o ajeno, reescribiendo la historia, yo llenándome y vaciándome, yo pariendo ideas.
ayer hizo un año de este escribir públicamente por impulso, sin pensar demasiado, sin tener una idea definida, de escribir cuando las ganas y la necesidad suben por mis tripas y hacen mover mis dedos, y en ese movimiento de mis dedos hacen que las palabras salgan solas y en ese salir de las palabras hacen que dejen de pertenecerme para pasar a ser de todos, para cobrar vida.
mención de honor para Fander, que en los inicios me tiró una mano con los links (gracias míster) y un par de veces que quise abandonar vino por mail al rescate (gracias eguein míster)… y acá sigo.
Me gustan las palabras. Me gusta juntarlas, apilarlas, ponerlas de una forma, de otra, ver el resultado que siempre es distinto y que depende de cómo las ordene, aún cuando sean las mismas. Las palabras están, son gratis, son todas para mí, son mágicas piezas de un rompecabezs infinito siempre cambiante que armo y desarmo escribiendo, poniendo y sacando color y sentimientos encadenados a mis letras. Las palabras son poderosas, enferman y curan (Freud dixit), son pura posibilidad. Claro, posibilidad de hacer todo. Fijate, dale, hagamos la prueba. Si yo te digo azul arriba, rojo en el medio, verde abajo, vos te lo imaginás, ya está pinté un cuadro sólo con palabras, y si te digo además que en el medio del azul me acuclillo y salto y giro con los brazos extendidos vos en alguna parte de tu cabeza me ves bailando ¿entendés? Bailo con palabras. Y si en cambio te digo que mi piel se volvió finita, tanto que deja ver las venas azules y nudosas que surcan mis manos, que alcanza apenas para cubrir mis huesos y que dibuja surcos de vida vivida en todo mi cuerpo, me volví viejita entretejiendo letras. También puedo decirte para que escuches leyendo, que un susurro se escapa del medio de mi pecho, dale, escuchalo, es muy leve y se va tornando quejido suave ¿sentís? Es un soplo tenue, un último latido. ¿te das cuenta? Acabás de oír el último suspiro que exhaló el amor que se me murió adentro, y solamente lo escuchaste leyendo mis palabras. Y puedo crear criaturas fantásticas, enormes libélulas tornasoladas de arco iris con sólo nombrarlas, porque ni bien terminás de leer, la imagen de mis palabras se hizo carne adentro tuyo, te regalé libélulas hechas de abecedario. Y si por ahí te pongo que mis músculos y mi piel son solamente el envoltorio de un gran hueco blanco, lo mismo que si te cuento que me volví dorada y cada vez que abro la boca se me escapan mariposas, te estoy abriendo el universo de mi ser y de mi sentir escribiendo, y puedo de la misma forma cerrártelo, solamente con las palabras.
Llego a la facultad, supuestamente me están esperando para preparar un tema, pero el aula está desierta. Voy para el bar. Entro, está lleno de gente. Paso por una mesa para dos personas con dos tipos, traje, corbata, medio inclinados sobre las tazas de café, les calculo unos treinta y algo, uno dice algo de variables. Ya está, seguro son de ciencias económicas.
Sigo la marcha. Paso por una mesa para seis con tres hombres de negro, también treinta y pico, estirados sobre las sillas, están tomando café doble y hablando alto. Escucho ámbito, le pongo todas las fichas a derecho.
Dos mujeres, arregladas, maquilladas, se callan cuando paso por al lado y me regalan sus sonrisas de plástico. No me cabe la menor duda, relaciones públicas.
Me topo con una mesa, seis chicos, no más de veinticinco, parecen salidos de una propaganda de kosiuko, tienen bien distribuídas las gaseosas y el agua mineral, están ubicados simétricamente jugando al scrabble, no se me ocurre qué pueden estudiar hasta que me tropiezo con una carpeta gigante. Fuera incertidumbre, arquitectura.
Escucho la palabra coger que me guía hacia la última mesa, diez apiñados en un lugar para cuatro. No lo calculo, lo sé, entre treinta y cinco y sesenta y seis años. Vestimenta variada, bolsos rebosantes de apuntes. Hay papeles desparramados, termos y bolsitas de galletitas. Alguien me saluda –Turca, siempre tarde vos- Otra voz me dice –Vení que en esta silla entramos las dos- Uno me grita desde la punta –No te hagas la estrecha, vení y sentate a upa- Alguien me mete un mate entre las manos y alguien más me agarra la cartera y la cuelga en el perchero. Ya está, llegué a mi hogar. Benditos sean los de psicología.