Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

retazos de mi agenda – enero 29 Enero 30, 2009

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día del recontra orto…

… yo detrás de la pared, totalmente inútil…

…no puedo procesar el susto, la angustia, no puedo procesar NADA…

…se me tranca todo en la garganta, estoy vacía, solamente siento el nudo, solamente está el nudo con todo lo atascado, y escribir, claro, escribir como demente en cualquier lado. el nudo y escribir, que es la única forma de purificación que conozco…

…estoy  como esa vez, la del choque, de noche en un hospital. acompañada, y sin embargo terriblemente sola, con frío adentro, con el viento que me barre todo y me deja vacía…

…me voy a fumar afuera, no puedo más, se me parte el bocho.

 

Enero 28, 2009

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es sabido que el que busca encuentra

buscaste

encontraste

¿de qué te sirvió?

get a life

be happy

que la cosa no es buscar y encontrar para seguir atrapado

 

cuento de la infancia Enero 20, 2009

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resulta que betty y el turco cansados de batallar cuarentypico de años con dientes, muelas, tornos y amalgamas, decidieron medio de un día para el otro levantar el consultorio y dedicarse a la vida contemplativa. regalaron algunas cosas, donaron otras y, cuando ya estaba todo casi desmantelado, encontraron en el fondo de un cajón un sobre lleno de cartas. eran cartas de un verano mandadas por su hija, entonces de diez años, que terminaban con algún cuento corto, como éste:

 

“Es un amanecer frío y gris, pequeñas gotas salpican las calles de Londres, desde una ventana una joven espera la llegada del día, y de su amor, pero no podrá ver ninguna de las dos cosas, pues un vil malandra la agarrará con una mano enguantada por el talle y con la otra apretará su cuello, hasta dejarla sin respiración. Su amante se enterará y no descansará hasta dar con el malandrín, pero el sicópata asesino acabará también con el heróico muchacho que tráta  de vengar la muerte de su amada.

 

Marcela.”

 

(yo creo que la nena tenía una sobredosis de E. A. Poe)

 

con uds… Enero 15, 2009

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renatarenata

y su exclusivo ph en villa crespo

casarenata

 

anita Enero 8, 2009

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Contaban las viejas que, cuando al Osvaldo lo mataron en un enfrentamiento, la Angelita lloró tanto sobre su uniforme azul que las lágrimas se le tiñeron, formaron un riacho azulino que inundó la sala mortuoria, viboreó en una alcantarilla a la vuelta de una esquina de Villa Crespo y se perdió en el Maldonado. Lágrimas, lágrimas imparables, lágrimas azules, lágrimas como cristales rotos. Lágrimas que sorbía de a ratos cuando los presentes empezaban a chapalear sobre su amargura. Y tanto fue lo que lloró y tantas las lágrimas que sorbió, que el exceso de sal le provocó una eclampsia y Anita fue parida ahí mismo, al lado del cajón de su padre recién muerto, pujada a puro sollozo. Bichita sietemesina, esmirriada, chillona y azul,  sobre un colchón de flores mustias, flotando sobre un riacho azulino, como un animal desamparado encima de un camalote en medio de la inundación.

Qué está azul por ser prematura, que está azul por el frío, qué está azul por la circular de cordón. La cosa es que Anita siguió azul hasta los tres meses, cuando descubrió que la mamadera era muchísima más dulce que la teta y, con un escupitajo fenomenal para un bebé, se deshizo para siempre del pezón amargo de Angelita. Y Angelita, recién destetada de su hija, viendo que no tenía ya qué hacer en este mundo, se encerró en su habitación a llorar al Osvaldo cómo correspondía.

Así fue como Anita terminó criada por sus abuelos, se hizo una una señorita de ley y los resarció día tras día de ese engendro lloroso, desquiciado, encerrado en la habitación del fondo. Y el único recuerdo de la infancia que tuvo de su madre fue una sucesión de sollozos que atronaban noche y día detrás de una puerta que escurría agua azul hacia la rejilla del patio.

Después de veinte años, de golpe el silencio envolvió a Anita y a los abuelos, el agua dejó de fluir por la acequia horadada en las baldosas y Angelita emergió de su claustro, amarilla, seca y arrugada como un limón exprimido, agarró a Anita de un brazo reclamando sus derechos maternales y se mudó junto con ella a un coqueto departamento en Recoleta para tratar de establecer un vínculo con veinte años de retraso. Y Anita entonces se fue volviendo azul de a poquito, como cuando nació, y también como cuando nació, se hizo bichita esmirriada y chillona, amargada por tener que deberle amor filial a una perfecta desconocida. Porque si de algo se encargaron muy bien los abuelos fue de inculcarle el sentido del deber. Y cargó con su deber atándose a Angelita al cuello con un monstruoso cordón umbilical, dejando surcos yermos a su paso hasta volverse una pasita seca y azulina.

El día que se casó sintió que el cordón que la unía a Angelita se aligeraba pero las vírgenes de la iglesia lloraron lágrimas azules inundando el altar mayor.  El día que parió sintió que el cordón se hacía hilito y casi desaparecía pero los bebés neonatos en la nursery se pusieron cianóticos y enloquecieron con sus berridos a las nurse, que desesperadas, les cambiaban las batitas empapadas de lágrimas cada cinco minutos. El día que se divorció no pasó nada, sólo hubo un reseco viento norte que resquebrajó las paredes y quemó los pastos inundando la ciudad con un humo espeso y pestilente, y un terrible tirón del cordón, ahora gordo y lustroso, le metió el deber filial hasta la médula, y Anita volvió a dejar surcos yermos a su paso arrastrando la silla de Angelita, que ya a esta altura tenía los ojos ciegos y los huesitos hechos cristal, secos de tanto haber llorado al Osvaldo.

La verdad es que la vida no era vida para Anita que sentía que su amargura y desesperación eran el ombligo del mundo cada vez que escuchaba el llamado lastimero

-Nena… nena… traeme

-Nena… nena… alcanzame

O cuando tenía que cambiarle los pañales

O directamente cuando tenía que levantarse cada mañana

Y con cien años de soledad a cuestas Angelita decidió un día que ya era suficiente, acomodó sus huesitos de cristal en la cama, llamó a Anita y decretó

-La vida es una mierda, hija, pero sin embargo te amé con locura.

Se le escapó una lagrimita chiquita y transparente y se murió a pura fuerza de voluntad.

Y Anita que pensó que llegado el momento, que ya era realidad, podría deshacerse del monstruoso cordón umbilical para empezar a volar,

sigue aferrada a él

arrastrándolo en medio de un charco de lágrimas azules.