resulta que yo venía notando que en la cuenta del banco había un poco más de dinero del que calculaba. pensé que se me había pasado por alto clikquear en “pagar” alguna cuenta (pago todo por internet), revisé los vencimientos y no, estaba todo pagado. me fijé entonces en todos los movimientos de la cuenta y ahí estaba EL, un depósito, hermoso, refulgente, precioso. un depósito que no me correspondía, pero que de todas formas me habían hecho. y así, como al pasar para no levantar la perdiz, empecé a averiguar cómo pudo haber llegado ese dinero hasta mí, si tenía que devolverlo o me sería descontado de alguna manera. y estaba todo más que bien, te juro, era un error que, si nadie (yo) decía nada, se iba a repetir porque en vez de tomar datos de una base nueva, se habían tomado de una vieja. me puse contenta, mucho, especulé con ese extra de ahora en más… y no pude, te juro, no pude y fui, hablé, firmé los papeles de actualización de la actualización y cagué, nunca más el extra de ahora en más.
demás está decir que todo aquel que se enteró de ésto me tildó, mínimamente, de pelotuda (me incluyo).
y te juro, no dejo de pensar en el hombre de las ratas (googleen che! o después paso un extracto del caso de freud)
