Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

despertares Agosto 26, 2008

Archivado en: Uncategorized — marce @ 00:00
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Se había quedado dormida el primer día del invierno, que ya duraba doce siglos, cuando la tierra se salió de su eje. La encontraron vestida de blanco durmiendo en el suelo después de la primera nevada y, al no poder despertarla, la depositaron sobre un jergón de musgo suave en una cueva para guarecerla del clima. Fue el tiempo en que la oscuridad ganó terreno ensombreciendo, destiñendo todo, dejando poco a poco un mundo desvaído y yermo. Fue el tiempo en que las personas se cubrieron para siempre el cuerpo entero para protegerse del frío y sólo dejaban ver las hendijas de los ojos, achinados de atisbar en la noche permanente.

La oscuridad se coló hasta dentro de la cueva y fue empalideciéndole la piel hasta dejarla blanca como sus vestidos, y los que la habían dejado ahí  se olvidaron de ella, o pensaron que ya estaba muerta por el frío, pero el pelo le creció salvajemente, enrulado, cobijándola. Los sueños empezaron a escapársele por la boca entreabierta, y en medio de la noche permanente sólo la cueva esplendía iluminada por los sueños de la dormida.

Durante siglos, por generaciones, las gentes cubiertas de trapos con ojos achinados se acercaban para descubrir qué era eso que resplandecía inmerso en el mundo oscuro porque tanta claridad les perturbaba. Trataban de despertarla pasándole agua por los ojos, pero los mares se le congelaban en las comisuras formando diminutas filigranas. Intentaban despertarla moviéndola, pinchándola con la punta de sus bastones, pero los sueños se le enmarañaban y resplandecían cada vez con más intensidad, desbocados. Entonces, asustados, dejaban a la dormida sola,  soñando sueños propios de hálito congelado, esplendoroso,  con el océano suspendido en las pestañas.

Y la dormida, sola, soñó sus sueños resplandecientes hasta que no le alcanzó más la boca entreabierta para echarlos al mundo y el pecho se le hizo un reventón de luz y la sacudió despabilándola.

 

Y el reventón de su pecho se hizo sol cálido que le entibió el cuerpo devolviéndole el color.

 

Y el  agua descongelada fluyó de sus pestañas formando ríos y océanos.

 

Y el pasto, las flores y los bosques crecieron a su paso.

 

Y de la maraña de su pelo renegrido se desprendieron millares de bandadas de pájaros.

 

Y de su útero despierto cayeron semillas multicolores que poblaron al mundo de criaturas fantásticas.

 

Y el sol  le quemó la boca haciendo temblar el suelo.

 

Entonces fue el tiempo

 

en el que el mundo

 

volvió a girar sobre su eje.

 

2 Responses to “despertares”

  1. deapoco Says:

    se lo contaste ya a tu niña?
    capáz que supera mi cara de niñez absoluta.

  2. marce Says:

    no, porque en realidad es un cuento para que los grandes se aniñen, como yo cuando lo escribí.


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