Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

recuerdos del futuro V Abril 28, 2008

Archivado en: Sin categoría — marce @ 20:13
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Entró a su casa como si fuera la primera vez estrenando cerradura y llave. Recorrió las habitaciones medio desmanteladas haciendo un inventario de lo que había quedado, de lo que podría reponer y de lo que tenía que esperar o quizás nunca volvería a tener. No más perro que saludaba y mordía los talones cuando entraba. No más peceras luminosas. No más un montón de cosas. Sintió lo mismo que la vez que recibió el bosquejo de demanda por mail, una mezcla de tristeza, nostalgia, ansiedad y alegría; saudade, pensó, eso era saudade. Qué raro le resultó entonces ver quince o veinte años de su vida en una carilla aséptica, desafectivizada, ver en pocas palabras el resumen de hechos tan cruciales, unión, vínculos y disolución, todo así en una chorrera de letras negras sin emoción. Y era así de raro ahora ver lo que había quedado de esos quince o veinte años, una serie de cosas materiales, bastante menos plata en el banco, una casa compartida en los papeles, todo aséptico, desafectivizado, como en un hospital frío azulejado hasta el techo, como en una morgue que albergara quince o veinte años muertos.
Se sentó sobre el piso frío en dónde hasta ayer había estado un sillón y se prendió un cigarrillo acordándose de un par de sus textos, de los sentimientos que había enlazado con palabras, de cómo entendieron unos y otros el sentido, de por qué había escrito lo escrito, de cómo había imaginado con sus letras el futuro, y se rió bajito por lo absurdo y acertado de algunos. Se levantó en la oscuridad y a tientas adivinó una copa que llenó de borgoña en la cocina. Se sacó las botas y descalza volvió a su lugar con la copa en una mano y la botella en la otra. Se sentó de nuevo en el piso y el gato más viejo se le acercó despacio, se le acomodó sobre la falda haciéndose un ovillo ronroneante, mientras el vino le calentaba las tripas. Y de golpe estaba tan cansada que ni ganas de acordarse tenía, porque de lo único que se acordaba era de la parte agobiante y para agobio ya tenía bastante con la sensación de su cuerpo. Se prendió otro cigarrillo, se sirvió otra copa y otra más y la cabeza se le fue afelpando por dentro, muy a pesar suyo, con la calidez de más recuerdos. Se acordó ahora de ese día, y ese, y esos otros, de los viajes, las mudanzas, los días claros, y se le escapó una lágrima de perdón, propio y ajeno. Se dio cuenta de que lo único que quedaba desde hacía mucho tiempo no era desafecto sino recuerdos, como pasa con los muertos, y entonces lloró por la muerte en sí como cuando alguien se muere de cáncer. Y como cuando alguien se muere de cáncer fue tal el alivio de la muerte que se sintió redimida y se durmió ovillada en el piso junto a su gato, soñando sueños nuevos, mientras un jardín de semillas plantadas hace un tiempo le crecía adentro.

 

8 Responses to “recuerdos del futuro V”

  1. deapoco Says:

    convidame un poco de optimismo..

  2. marce Says:

    apuntá el bluetooth que te lo paso

  3. cyn Says:

    uf.
    Yo quiero un poco de ese jardin de semillas.

  4. marce Says:

    buscá bien, todos tenemos, en serio

  5. Hank Says:

    Desafectivizada, desafectivizado, desafecto… qué insistencia en dejar de querer, ¿no te parece?

    Esto… Marce, querida, no me creo el final. Entiéndeme, no digo que no tenga sentido y lógica y sensatez y que sea perfecto para tu texto, pero tiendo a creer que el alivio, la redención, los sueños nuevos y las semillas del jardín son más un respiro etílico que una realidad contundente y posible.

    Demasiado tiempo, demasiada vida compartida, demasiado desamor para poderlo matar tan fácil.

    Un abrazo grande.

    (Igual debería creer que tengo o puedo tener un jardín, pero recuerdo una temporada que me empeñé en creer en Dios y no lo conseguí. Lo mismo es.)

  6. marce Says:

    es que hay relaciones que se mantienen por un montón de mandatos aunque el amor haya muerto hace mucho tiempo.cuando eso se comprende, cuando uno se permite aceptar que ya fue, cuando uno puede perdonar y perdonarse el fracaso de un proyecto de vida compartida, queda abierto a otra oportunidad que existe en primera instancia adentro y por eso puede materializarse en el afuera.

  7. Hank Says:

    Como teoría no está mal, pero un montón de mandatos, aún con el amor muerto, pueden aferranos a la vida tanto como el latir de nuestro corazón. El ser humano es en general gregario, apegado a las costumbres, a las repeticiones y a los días que pasan sin fundamento -intercalados con algún apoteósico momento, bajo los efectos de lo que sea, que nos devuelve la esperanza como un boomerang lanzado a destiempo-. Tan es así que pasados tantos mandatos uno confunde el amor con la desesperación del vacío, o con cualquier otra cosa, quizás más cómoda, como compartir películas del canal temático los viernes por la noche, o una cena marítima a la luz fantasmagórica de los calamares, o poder abrazar un culo caliente en las noches frías del invierno. Quiero decir que la vida real está más apegada a los hechos que a las ideas y a la lógica.
    Lo que dices es comprensible, es entendible, es incluso posible, pero no demasiado factible. Hablo de la generalidad, del montón en donde estamos la mayoría, no de seres especiales. Pero igual somos todos especiales, a saber.

    Mi afecto.

  8. marce Says:

    es según como cada quién decida tomar la vida. algunos optan por la comodidad, la tranquilidad y el vacío, otros prefieren estar un poco menos cómodos, con más sobresaltos y menos vacíos. no hay una opción mejor que la otra, cada uno sabe cuáles son sus necesidades y qué es lo que sacrifica por ellas. cuestión de elecciones, nada más


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