la mancha
Diciembre 18, 2007
La gente se moría, sí, lo sabía. Lo sabía así, con el pensamiento. La gente se moría en la tele, en las películas, en los dibujitos animados, claro que se moría. Pero eran muertes mediatizadas por una pantalla o por mi fantasía de siete años. “Esa” gente se moría, la que estaba detrás de un vidrio, “ésta” gente, la de todos los días, la que se podía tocar, ver de frente, oler, esta gente no, ésta no se moría. La muerte para mí todavía conservaba esa sutil diferencia entre lo que es a los otros y lo que es a uno. A pesar de eso yo le tenía miedo a la muerte. Tenía miedo de que mis padres murieran, pero era el miedo al desvalimiento y a la falta de su amor, no miedo a la no existencia. Tenía miedo de los vampiros y el diablo, de una realidad totalmente palpable en ese momento, pero era miedo al daño, no al dejar de ser. ¿Miedo a morirme? No, no, era omnipotente e inmortal, porque la muerte era solamente de los otros, de los unos, algo muy muy lejano, que de tan lejos que estaba no podía rozarme, no era de uno.
Y estaba todo tan equilibrado, tan proporcionalmente acomodado entre lo de los otros, lo de los unos y lo de uno, que no había lugar para nada más… hasta que la mancha se abrió paso en silencio.
La mancha era hipnótica, como una gota gigante de mercurio negro rojizo. Sin salpicaduras, con bordes netos, definidos, brillante todavía sobre el piso de granito verde oscuro con piedritas blancas y grises. Era como un gran agujero en el piso del palier, la boca de un pozo sin fondo. Era a la vez hondura y elevación globosa. Era puro fin adornado por vidrios minúsculos y, también comienzo de un camino hecho de huella roja arrastrada hasta la puerta destrozada, hasta la vereda, huella que se fundía más allá con el negro del asfalto. Era el límite del tiempo detenido ante mis ojos y mis pies yendo a la escuela, y límite también del no cuerpo de otro y mi propio cuerpo. Era la voz lejana de mi viejo diciendo que alguien había tirado pintura y yo entendiendo por primera vez lo que significaba una mentira piadosa. Era yo juntando en dos segundos la corrida con mi mamá la noche anterior cuando unos tiraban a otros al piso y les apuntaban con armas a la cabeza, la cena en la cocina de casa con las ventanas cerradas y tosiendo por los gases, los gritos, los golpes en la puerta del edificio, el estallido de los vidrios, los ruidos secos y el silencio después. Era yo, absorbida e hipnotizada, sacudiéndome por primera vez en toda mi mortalidad, para siempre.
Diciembre 18, 2007 at 00:00
y dale con el espíritu navideño…
Diciembre 21, 2007 at 00:00
Traumático descubrimiento, como siempre lo es. Quizás no tan violento siempre, pero traumático, sí.
Diciembre 24, 2007 at 00:00
HOY 24 BUSCANDO INODOROS SECOS PARA UNA PRESENTACIÓN, ENCOTRE TU BLOG.
ME RECONFORTO LEERTE.
YA LO REVISARÉ CADA SEMANA
BENJAMIN DE VILLAHERMOSA, TABASCO MÉXICO.
e-mail benarmandzen@gmail.com
Enero 18, 2008 at 00:00
Buenos, vuelvo silbando bajito como me fui.
Es lindo reencontrarse con tus palabras. De alguna manera me dejan pensando y eso es lo mejor de todo.
Ah! el post de abajo: Sublime!
Saludos y excelente año.