Soy la podredumbre que habita en sus entrañas, Medusa ciega inmune a los espejos. Soy los pensamientos y sentimientos más abyectos, los gritos que ahogan en la almohada. Soy el placer del sentimiento homicida y la culpa que conlleva. Soy el vacío por la muerte del amado y el gusano que se nutre con su carne putrefacta. Soy eso que jamás dijeron ni dirán pero que los marca y atormenta. Soy lo real de cada uno, sin disfraz ni maquillaje, sin palabras. Soy lo que no porta la mueca inmunda del esperanzado, sino lo que luce la belleza del instante de detenimiento que se produce antes de la muerte. Y cada uno sigue mirando pensando, idiotas, que sólo habito en el otro, sin darse cuenta que todos son mi pueblo. Soy el terror del desamparo, la bajeza más profunda, el abismo en el que se hunden cada día y del que tratan de escapar con la poesía. Soy eso a lo que nunca podrán ponerle nombre y sin embargo los corroe con el imperativo categórico, el único del que dan cuenta ¡Sufre! Soy lo que tapan, entierran, esconden en cada recoveco de su alma, y sin embargo aparece en cada rincón del pensamiento. Soy el sabor amargo que intentan endulzar intentando el amor. Soy la droga que produce la peor abstinencia, soy la destrucción. Soy lo que quieren matar, estúpidos, sin saber que no se mata lo que está muerto desde el origen. Soy el tope a sus vanos esfuerzos de imaginar la felicidad, imbéciles, que no cesan de estrellarse contra mí. Porque ahí, en ese fondo último y recóndito de cada uno, no hay otra cosa por más que quieran. Yo, y ustedes. Yo, medusa ciega. Y ustedes, sin alternativa.