Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

pato Mayo 9, 2007

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Pato… Pato…

¿Por qué me decís Pato? Maldita costumbre que tienen todos. Encima no es solamente Pato sino El Pato, como si yo no fuera mujer che. Patito de acá, Patito de allá, hasta las monjas del colegio en Bariloche me decían Pato –Pato, te portaste mal, te vamos a tener que encerrar para que pienses en lo que hiciste- así me decían siempre las hermanitas, y allá iba yo a parar al sótano. Qué turras las monjitas. Pero ahora que me acuerdo a lo último me dijeron Gladys ¡bah! A mí no, a mi vieja le dijeron –señora va a tener que buscar otro internado para Gladys- Sí, turras de mierda ¿qué se pensaban? ¿que me iba a comer horas y horas de encierro sin hacer nada? ¿que iba a pensar que había hecho mal en sopapear a todas las que me decían que mi mamá era una puta porque mis hermanos tenían distintos papás? ¿Eh? ¿se pensaban que a mí me gustaba estar en el sótano cada dos por tres, que no me daba miedo? Sí, me daba miedo estar ahí en la oscuridad, miedo y frío, y bronca, mucha bronca. Guachas, qué ganas de gritarles -¡guachas!- y en vez de gritarles me callé y les dije que había prendido fuego el sótano por miedo a la oscuridad y por el frío… y ellas –señora va a tener que buscar otro internado para Gladys- Monjas conchudas.

Pato… Patito…

Hasta él me decía Pato, y también me decía que no entendía por qué me llamaban así, si no soy Patricia, ni camino como pato, ni tengo culo de pato. Pero a pesar de eso me decía Pato. Patito cuando me acariciaba, no mi amor, Patito solamente. Patito me dijo también cuando le conté –qué cagada Patito ¿y ahora que hacemos?- Y así, de buenas a primeras desapareció che, sin un Pato, sin un Patito. Se rajó. Me dejó sola y en silencio con un amor arrepollado en la panza.

Pato… respirá Pato… aguantá Pato

Sí, eso me decían también cuando me retorcía en la camilla –Respirá Pato, respirá que ya sale la cabeza- Y después con Claudita prendida a la teta, las dos solitas –aguantá Pato, aguantá- Y yo no tenía ganas de aguantar che, yo quería irme al carajo, terminar con tanta soledad, con tanta tristeza… pero estaba Claudita prendida a mi teta y no podía. –Respirá hondo y aguantá Pato- me decían, y respiré hondo y me aguanté y me tragué todos los llantos, toda la soledad y toda la tristeza.

Pato… dale Pato

Dale Pato, dale Pato… así suplicaba Claudita cada vez que quería algo.. -Dale Pato comprame unos pantalones rayados como los que tenés en tu foto de hippie. -Dale Pato, dale Pato…-mi vieja cuando no tenía plata. -Dale Pato, dale Pato…- también la Ega para que compráramos la peluquería. Todo el mundo queriendo algo dale que dale con el “dale Pato” no mamá, no hija, no Gladys, solamente Pato. Y yo siempre dando y dando, calladita.

Pato… no jodás Pato

No jodás Pato ¿te acordás cuando conté que iba a ser abuela a los treinta y seis?. Todos exclamaban no jodás, Pato. Y no, no estaba jodiendo che, la vida me lanzó un escupitajo y vuelta a repetir la historia. Encima con ese hijo de puta malparido, que si por mí fuera lo hubiese echado a la mierda, pero Claudita no, que dale Pato, que quiero que mi hijo tenga un padre, no como yo ni como vos, que dale Pato, dale Pato, no jodás. Y bueno, me mató con lo del padre. Encima Iarita, tan chiquita, tan bonita, tan parecida a Claudita. ¿qué iba a hacer? ¿dejar que se caguen de hambre? Decí que la peluquería está dando y les puedo tirar unos pesos. Eso sí, el departamento ni en pedo lo pongo a nombre de los dos, es solamente de Claudia y de Iarita. Y el zángano reventado ese, bueh, tendré que morfármela, una más para tragarme.

Dale Pato que estás azul… decime algo, respirá que ya vienen

¿Pato azul? Qué cómico, nunca vi patos azules. Azul era el uniforme del colegio de las monjas conchudas, azul era la primer blusa que él me desabrochó, azul era el día que nació Claudita, azul es la sonrisa de Iara cuando me dice abuela ¡única que no me llama Pato! Todo eso es azul, no los patos, che. ¿Y por qué me pedís que diga algo? Estoy cansada y no puedo. Mirame y escuchame el cuerpo que las palabras se me agolpan en la garganta después de tanto tiempo de no poder salir, después de tanto empujarlas y tragarlas ¿es que no te das cuenta? Mirame y fijate, la vida se me escribió en los ojos. Mirame, acompañame y dejá que me pierda en el azul porque ya lo sé, ya viene…y creo que quiero que venga. Estoy cansada.

 

Mayo 2, 2007

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si la psicología no me da de comer, por ahí con la pintura/albañilería rescato algunos mangos.