Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

Un día en la oficina de mamá Enero 23, 2007

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Zoy Abril, tengo cuatro y me duele el ojo entonzez no puedo irg a la colonia y me fui a trabajarg con mi mamá. Ya dibujamoz, jugamoz, comimoz, fuimoz al kiozco con Laura que me gregaló un helado de kiwi, me hize un brazo de momia con la zinta coch, tomé jugo y me eztoy abugriendo azí que me hize un cuento gre lindo ahora que ando en pataz porg toda la ofizina.

Había una vez un lindo caballito con una víbora hermano, porque era víboro, y la víbora y el caballo fueron juntoz a juntarg manzanas de un árbol y vieron un tigre muy zalvaje que ze llamaba zorcan. Era muy, muy, muy, muy y muy malo el tigre. El caballo ya había juntado todaz laz manzanas y tomaba coca porque era zu cumple. El tigre vio una florg que le daba alérgica y ze la puzo en la boca con cuidado. La víbora juntó una florg muy, muy, muy, muy linda y ze la cambió al tigre para que no le diera alérgica y no eztornudara entonzez el tigre ze hizo güeno y feztejó el cumple con el caballo y la víbora y no ze loz comió.

 

propuestas matrimoniales Enero 19, 2007

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Me dicen Turca. Aunque también vengo mezclada con españoles y mapuches, parece que la parte libanesa imprime sus rasgos con más fuerza y llevo la marca en el orillo. Sí, tengo cara y apellido de turca, pero eso nada más, en el resto soy occidental.
En la casa de mis padres, salvo por un par de comidas típicas, jamás tuvimos aproximación con costumbres o cultura árabe, aunque sí tuvimos algunos amigos que seguían las tradiciones. Entre esas tradiciones estaba la del matrimonio arreglado entre las familias, el matrimonio convenido entre los padres sin la participación o anuencia de los contrayentes. Increíble, sí, pero son costumbres que se siguen practicando en algunos grupos étnicos.
La cuestión es que, más o menos a los diecisiete años, recibí la primer propuesta matrimonial. Uno de los conocidos de mi papá, libanés, quería arreglar el casamiento de su hijo conmigo y habló con mi viejo. Digamos que yo no era la típica mujercita árabe, sumisa, prolijita, musulmana, era todo lo contrario, era una adolescente jodida, rebelde sin causa, atea recalcitrante, con los pelos enjabonados que paraba en el parque Centenario e iba a un par de tugurios a escuchar bandas de rock y a emborracharme los fines de semana, así que imaginarme el momento del compromiso, día en que los novios normalmente se conocen, me causaba mucha gracia. De todos modos, mi viejo lo sacó carpiendo. El tipo insistió, insistió e insistió hasta que se cansó y buscó consorte por otro lado.
Pasaron un par de años cuando otro amigo de mis viejos, egipcio, empezó a venir seguido a casa. Mohamed. Tipo macanudo, cerrado como él solo en sus costumbres adaptadas, porque si bien no comía cerdo, oraba en dirección a la meca y leía el Corán, tomaba como una bestia. Siempre dijo que, de no ser por la diferencia de edades, más de veinticinco años, hubiera arreglado para casarse conmigo. Todos lo tomábamos como un chiste porque yo no daba con el perfil de esposa para un tipo así, además sabíamos que estaba casado en Egipto, mi mamá había sido una especie de testigo del compromiso en El Cairo, y conocíamos a todas sus novias argentinas, que desfilaban por casa ininterrumpidamente. La cosa es que Mohamed estaba muy preocupado, yo con veintipico sin esposo, era algo inaceptable para su concepción del mundo. Según él tenía que casarme enseguida o más adelante no iba a conseguir marido.
Un día se apareció muy contento con la novedad, una nueva propuesta matrimonial, me había conseguido esposo. Pasó a enumerar las virtudes del futuro cónyuge frente a toda la familia, nacionalidad: egipcia, edad: un año más que yo, profesión: joyero, dote: más que interesante, mostró una foto: lindo turco, y empezó con el blabla, que no podía dejar pasar esa oportunidad, que ya estaba vieja para casarme y después no iba a poder, que… me di cuenta de que me estaba hablando en serio. Lo frené en seco, le dije que se dejara de joder, que por más cara de turca que tuviera no iba a aceptar jamás ese tipo de cosas. Me dijo que pensara, era un buen partido y tenía mucha plata. Le contesté a los gritos que la plata me importaba tres carajos, que no pensaba pasarme la vida como la boluda de su esposa de El Cairo que lo veía una semana al año, ni como las atorrantas que presentaba como novias y estaban con él por guita, que me indignaba que tratara a las mujeres como mercancía, que era un turco retrógrado, que las mujeres merecemos tanto respeto como los hombres y que nadie puede decidir por nosotras, que se fuera a cagar. Nos miró alternativamente a mí y a mi viejo, y le dijo apesadumbrado en su dialecto árabecastellano
–Bobre baisa (por paisano), con ese carácter bodrido vas a tenerla toda la vida en tu casa, ningún hombre va a sobortarla, tiene la beor barte de las árabes y de las occidentales.

 

albañilería I – poesía obrera Enero 11, 2007

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Este enero me encontró a puro mazazo picando una pared tratando de dejar ladrillo a la vista. No es fácil, no, pero tiene sus ventajas: mis bíceps y tríceps están adquiriendo volumen y firmeza, en cada sesión pierdo mínimo 1 Kg (que recupero tomando agua), compruebo la dureza de los huesos de los dedos de mi mano izquierda que ataja TODOS los martillazos errados, y por sobre todas las cosas siento como me invade la poesía obrera en cada golpe.

Te viá dar maza mamaza,
te viá dar hasta sacarte la argamasa.

Qué me importa si los vecinos
escuchan los golpeteos,
que el mundo entero lo sepa,
te viá dar, te viá dar sin rodeos.

Te quiero ver desnudita
no te quiero mascarita,
te quiero sin revoque, sin pintura,
por eso te viá dar con mano dura.

Aunque me pele los nudillos
intentando abrir tu parte oscura,
yo viá seguir esparciendo polvillo,
mi ilusión es que te partas con blandura

Por eso, por más que llueve y truene
por más lésbico que suene,
yo te digo, prometo y repito:
Te viá dar maza mamaza,
te viá dar hasta sacarte la argamasa.