Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

voraz Diciembre 27, 2006

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Recordaba las clases de música de su infancia, aburridas, aburridísimas, en las que no podía hacer otra cosa que escuchar a Mozart o a Bach en el sopor de las siestas veraniegas. Se entretenía viendo el vuelo acompasado al ritmo de la música de las moscas que entraban por la ventana buscando algo con que saciarse. Ese había sido el comienzo de su fascinación, le fascinaban las moscas. Al principio fue eso nada más, el gusto por verlas moverse como bailarinas clásicas surcando el aire caluroso del aula polvorienta, pero de a poco fue cambiando. El vuelo dejó de interesarle y se concentró en los ojos, enormes bolas de celdillas, y en la probóscide que subía y bajaba para sorber el alimento semidigerido por la baba, y las patitas que se frotaban fuerte como las manos de un gordo goloso después de una comilona. Pero ahora era distinto, se deleitaba no con cualquier mosca sino solamente con las moscas quereseras. La atraían con la fascinación morbosa que da el asco. Se asqueaba de placer, se empalagaba de asco cada vez que encontraba en la carne olvidada fuera de la heladera las cresas diminutas, prolijas, dispuestas en forma ovoidal, como en un plato, esperando el momento de eclosionar y empezar el festín carnívoro. Cada huevito alargado, perfecto, blancuzco, apenas brilloso, como cajitas de joyas. Cada huevito con el germen de la voracidad latiendo adentro. El placer se le extendía por el cuerpo a medida que pasaba el tiempo, temblaba de ansiedad esperando el momento exacto en que cada huevito desaparecía para dar paso a un gusano diminuto que se enredeba con otro, con otro, con cientos, y todos juntos daban rienda suelta a su hambre contenida hundiéndose en la carne podrida, saliendo, entrando, cavando túneles inmundos, engordando, alargándose, volviéndose cada vez más voraces, hasta transformarse un un hervidero putrefacto de células que formaban un solo organismo indiferenciado, sibilante, asqueroso, maloliente, que se movía espasmódicamente hasta que sobrevenía la quietud antes de la última transformación. Y ahí, en el clímax del asco, hundía las manos en la masa blancuzca, apretaba fuerte los dedos una y otra vez hasta dejar una gelatina, hasta que el cuerpo se le sacudía convulsivamente.
Moscas, sentía que cada vez las necesitaba más, necesitaba el fruto de su fecundidad para poder aplastarlo, destruirlo. Necesitaba empalagarse con el asco. Necesitaba desesperadamente oír el zumbido penetrante que preludiaba el principio del placer más allá del placer. Y a medida que su necesidad aumentaba también le aumentaba en las entrañas un agujero sórdido y oscuro que no podía llenar con nada, hasta que necesidad y agujero se fundieron en una sola cosa, un solo impulso.
El invierno se le hacía eterno a su impulso, necesitaba el calor del verano para satisfacer su necesidad de moscas, necesitaba el calor del verano para que cubriera con su manto putrefacto cualquier atisbo de frescura y lozanía.
El primer zumbido estival hizo que se estremeciera, le erizó el pelo de la nuca, le hizo temblar la campanilla en el fondo de la boca y se preparó para iniciar el ciclo con el impulso corriéndole locamente dentro. Acomodó amorosamente al abrigo del sol un pedazo de carne y esperó la nube de moscas.
Esperó las cresas diminutas, prolijas, dispuestas en forma ovoidal.
Esperó el momento exacto en que cada huevito desaparecía para dar paso a un gusano diminuto que se enredaba con otro, con otro, con cientos.
Esperó a que juntos dieran rienda suelta a su voracidad hundiéndose en la carne podrida, transformándose en un solo organismo, maloliente, asqueroso, sibilante, que se movía espasmódicamente.
Y ahí, en el clímax del asco, hundió las manos en su garganta apretando fuerte los dedos una y otra vez, desgarrándose, saciando por primera y única vez su propia voracidad.

 

reapertura post examen Diciembre 21, 2006

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Salgo tempranito tempranito, cumplo el ritual de exámenes. Despego de casa siete de la mañana para desayunar en el barcito de la facultad y dar una última leída (nótese, no digo repaso) al asunto. Carpeta bajo el brazo y estrenando vestido, parte del rito, ponerme algo nuevo. Arcángel plastificado en la billetera, plastificado y bendecido. Pucha, mirá que no es la primera vez que me acompaña pero nunca consigo acordarme el nombre de este cristiano y recién me fijé pero está todo escrito en ruso. Tá lindo el santito, iconografía rusa ortodoxa que me encaja Andrei, mi amigo el ruso, cada vez que rindo porque dice que es protector de no sé qué cosa, yo ante la duda embolso y luego restituyo. Pienso en Sassi y sus velitas, porque para mis finales le prende velitas a no sé quién, que seguro, seguro, católico apostólico romano no es, pero híbrido cristiano pagano gestáltico seguro, seguro, sí. Antes de cerrar la puerta me fijo si llevo el dibujo de la sirenita que hizo mi hija más chica para que me dé suerte. Enfilo para el subte. Línea B, hasta las manos como de costumbre, combinación con línea C hasta las manos también. Caminata por Independencia. Caras de susto, pánico y horror en el barcito con las mesas atestadas de apuntes. Cafecito, poca lectura, adrenalina a mil, primer piso aula 103. Entrega de libreta y explicación, Licenciada entrego el psicodiagnóstico ahora porque doy libre el teórico y el práctico nunca cursé gracias espero afuera. Cigarrillo abajo del cartel de prohibido fumar. Adentro, cinco preguntas en hojas selladas y foliadas, nivel basal de tensión, dos hojas, me desperezo como un gato estirando los brazos, bostezando con toda la boca, perdiendo la compostura. Me reubico en rol de alumna seria dando final libre, una hoja más de letras chiquitas y negras como patitas de hormigas y afuera. Cigarrillo abajo del cartel de prohibido fumar. Adentro, cinco minutos de peloteo oral cortito y al pie. Chau, buenos días, hasta luego. Línea C hasta las manos, no me puedo agarrar de ningún lado, no me importa, reboto por el vagón durante tres estaciones. Línea B hasta las manos, de casualidad consigo asiento, me adormece el traqueteo, estoy totalmente relajada. Dorrego, me paro de un salto, casi no llego a bajar. Placita Los Andes recién inaugurada con las rejas abiertas. Calor de morirse, qué ganas de andar descalza por el pasto. Aspersores prendidos, echando lluvia finita sobre las plantas, girando, chuff, chuff, chuff. Calor de morirse. Calor de morirse. Mah sí, yo me mando. Primer aspersor mojada de la nuca hasta la cintura, segundo aspersor costado izquierdo empapado, tercer aspersor mojada de la cintura hasta los talones. Buen día jefecito ya llegué. Buen día compañeros ya llegué, espalda mojada contra la pared, me queda un resto de recato. Marta, Santa Marta, sin que se lo pida, café triple en mano derecha, medialuna calentita con jamón y queso en mano izquierda que deposita en mi escritorio. Me duermo, me duermo, me duermo, no coordino. Me despabilo por la sorpresa ante gentileza de jefecito, tubito con botella de Chandon extra brut. De nuevo me duermo, me duermo, me duermo. Mala combinación rendir examen y después trabajar. Voy en cámara lenta física y mentalmente, estoy muy cansada, recién ahora me cae la ficha, me cae despacio, despacio, despacio, sólo quedan dos y a otra cosa mariposa, neuróticos del mundo temblad que el 2007 traerá nueva psicoloca.
La cosa es que acá estoy de vuelta che, borracha de sueño, cansada… con un ocho en la libreta.

 

cerrado por examen Diciembre 15, 2006

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Me voy hasta el jueves.

Hoy empiezo las prácticas de mi futuro ejercicio profesional.

El jueves rindo una materia libre, último final de diciembre, primero de la terna que queda antes del título.

La imagen que mejor describe este momento es la que subí, incertidumbre total.

El jueves les cuento si el oso aceptó mi beso o me arrancó la cabeza de un mordiscón.

Crucen los dedos, yo mientras me pongo a jugar a la licenciada y a estudiar en serio.

 

Diciembre 14, 2006

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Cuatro y algo de la tarde, suenan los stones, etapa post festejo findeañeroficinesco. Botín, botellita de Norton extra brut (lástima que no está fría, sino le hacía los honores), pancita con empanaditas capresse (¿se escribe así?), buena dosis de cerveza helada y champagne. Soy amable por teléfono, única vez en el año, aprovechen, llámenme. Bien, cafecito y rodaja de pan dulce no ortodoxo, sin frutas secas, sólo masa y baño de chocolate. Mal, muy mal, todos sinoteveofelicesfiestas cuando se van. De mal para peor, mail de RRHH con tarjetita empresarial de feliz navidad y próspero año nuevo. Más que malo, jefecito no contesta sobre pedido de días por examen. Pésimo, horrible, no hay confirmación de día de pago de aguinaldo. La de siempre, Papá Noel con una mano te acaricia el lomo y con la otra te la manda a guardar.

Ya está, no llamen, volví a mi malhumor habitual en este antro.

 

la sangre tira Diciembre 6, 2006

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Todas las mañanas hago el mismo recorrido a pie, más o menos a la misma hora, así que inevitablemente me cruzo con la misma gente. Yendo por Camargo a la primera que veo es a gatadealladodelaveterinaria, que si bien no es persona, es muy educada y me regala un miau tempranero y un par de refregadas de cabeza en mis piernas. Casi llegando a Thames aparece chicaquelimpiaculodeperroviejo, sí, va con un rollo de cocina bajo el brazo y cada vez que el perro hace caca lo limpia con el mismo amor que limpiaría el culito rozagante de un bebé. Casi por Juan B. Justo veo a parejajovenembarazadaconperrolindo, que disminuyen la velocidad de la caminata proporcionalmente al crecimiento de la panza de ella, calculo que anda por el séptimo mes. Cruzando Juan B. Justo vienen mamahipponaconnenehippón, parloteando siempre y, creo, desayunando por el camino. Doblando por Darwin está vigiladorgordoquededóndeloconozco, tieso como un arbolito, y más allá de Padilla, chicobuenoconhermanotontoquemedicechaulinda, casi siempre comiendo facturas. Doblo por Murillo y cruzo frente a casaviejaquelindacasavieja. Sigo y agarro Humboldt, en dónde paso por al lado de señoracontúnicasgrandesquemesonríe.
Como no soy simpática ni sociable, o a lo mejor un poquito sí, pero solamente con la gente que conozco, a pesar de verlos de lunes a viernes jamás los saludo (salvo a la gata).

-Hola- me dijo un día con una sonrisa grande pintada en la cara – la saludo porque siempre nos cruzamos.- Hola- le contesté- es cierto, siempre nos cruzamos a la mañana.
A partir de ese momento señoracontúnicasgrandesquemesonríe pasó a ser señorasimpáticaquemesaluda. Y señorasimpáticaquemesaluda, fiel al nombre que le puse, empezó a esperarme todos los días en la puerta de su casa para saludarme. Hasta que hace unos días, después del ritual de buenosdías buenosdías, me pidió que pasara algún día para tomar un cafecito con ella (y ahí nomás me acordé que hace poco me dijeron que las viejitas tienen buena onda conmigo ¿o era al revés?). Le dije – Yo soy Marce- ella me dijo –Yo soy Samia, soy Siria. – Ah!- le contesté- mi abuelo era libanés – Yo sabía nena!- exclamó- somos “baisanas”!! Vengasé a tomar un cafecito-
Así que señorasimpáticaquemesaluda ahora tiene identidad propia, es Samia. Y Samia me espera todas las mañanas porque quiere ver mi sonrisa, porque quiere que le dé un abrazo y un beso, porque me asegura que la sangre tira. La verdad es que yo también tengo ganas de verla, me alegra el día con su ternura y su charla.
Tengo el teléfono, así que un mediodía de estos la llamo, me escapo de la oficina, me voy para su casa a parlotear largo y tendido como dos buenas “baisanas” y a tomar un cafecito – Pero cafecito árabe, nena, no la porquería que toman acá, cafecito árabe, que la sangre tira-