Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

Brachypelma Agosto 23, 2006

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Pucha! Pensó que iba a tener que ponerse a dieta, los pantalones le apretaban cada vez más. Hacía unos días había recibido la noticia y parecía que la buena nueva no hacía más que ensancharle el culo. Cualquiera que la viera pensaría que era producto de los años, que un culo portentoso en la juventud devenía naturalmente en un culo grande y medio caído en la senectud, pero ella sabía que las buenas noticias siempre se le acumulaban en el culo. Si había nacido chatita, chatita! Fue desarrollándose a medida que las cosas fueron dándose como ella quería y ahora, ahora ya no cabían en sí, ni ella ni el culo.
Lo único que le molestaba en ese momento eran esas verruguitas a los costados del torso. Las había contado, cuatro en total, dos de cada lado, estaban cada vez más grandes, más largas, y se recubrían de pelusa. A lo mejor era algo hormonal eso de la pelusa, porque se le estaba extendiendo por todo el cuerpo. Sí, seguro era hormonal, por eso también sentía la saliva más densa y un gusto raro en la boca. Y ahora que pensó en la boca… seguro que tendría que cambiar la prótesis, no le calzaba como antes, algo no andaba bien entre los dientes postizos y esos dos colmillos que conservaba. Pero para qué preocuparse, se sentía plena. Cada vez que se acordaba de la noticia se le hacía agua la boca, se le llenaba de una baba espesa, casi gelatinosa, y sentía esos tironcitos en su parte trasera, señal que el culo le crecía de felicidad, y también sentía tironcitos en las verrugas, que se alargaban.
Estaba tan contenta, pero tan contenta que hasta se ponía a cocinar todos los días. Cuando preparaba la comida la baba se le escurría por la punta de los colmillos, y caían minúsculas gotas. No importaba, eran gotas de felicidad. Y tuvo una visión, a la yegua que estaba por salir definitivamente de su vida le pasaba lo mismo, cada vez que cocinaba se le escapaban gotas por la boca. Y corrió a llamar por teléfono, a advertir, porque quería ser la única en derramar baba en su comida. Quería ser la única. Y una vez hecha la advertencia el culo le volvió a crecer, las verrugas volvieron a alargarse, sus colmillos volvieron a gotear y la acometieron unas terribles ansias de hincarlos en una piel suave. Morder, quería morder, necesitaba morder. Le dolían las mejillas, las sentía hinchadas, calientes, llenas, los dientes no le entraban en la boca. La luz se le hizo insoportable. Corrió por toda la casa buscando algún rincón que le diera sosiego. Sentía que enloquecía de dolor, las verrugas le estiraban la piel desgarrándosela, las verrugas parecían brazos peludos y ensangrentados. Y siguió corriendo. Y gritó un grito enmarañado de hilos. Y se acurrucó detrás de un mueble. Y entre sus ocho patas se agazapó con los colmillos babeantes, y esperó, esperó.

 

Dijo que dijeron que dijiste Agosto 17, 2006

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Dijo que dijeron que dijiste, y esto parece un teléfono descompuesto cargado de mala leche. Claro, parece que el deporte nacional ya no es el pato, sino pegarle a la que suscribe. Y la que suscribe estuvo dándole vueltas al asunto. Pensó en llamarse a silencio y amordazar al blog, ya que diga lo que diga siempre será usado en su contra sin que se tenga en cuenta la línea que separa la ficción de la realidad. Pero hete aquí que a la que suscribe, de tanto arar con los mismos bueyes, ya las cuestiones de mala entraña ajenas la tienen sin cuidado y no piensa tolerar ningún acto de censura encubierto, salvo los propios, que de encubiertos no tienen nada. Es por eso que, a pesar de tener la posibilidad de cerrar este espacio y abrir otro con una identidad falsa para evitar un derrame tóxico, decidió mantenerlo y seguir vomitando lo que sus tripas le dicten. Este es un espacio propio, donde la que suscribe hace uso y abuso del lenguaje, de sus sentimientos y de su imaginación, y donde lo comparte con todo el que pasa. Ahora bien, si el que pasa malinterpreta, se molesta, se siente agraviado o lo que minga fuere ya es problema de él, es más, si se toma el trabajo de descontextualizar hasta los puntos y comas para darle una manito de cal y una de arena a la que suscribe, también es problema de él, porque a estas alturas a la que suscribe todo le que digan o piensen de ella le importa tres reverendos pitos.
Perdonen el exabrupto, pero la que suscribe tiene las tripas revueltas.