¡Puf! Justo ahora que tenemos que ir al asado yo me acuerdo de la gitana del sueño que decía que no llegábamos. En serio, soñé eso, con una gitana que me leía la mano y me decía que no llegábamos. Y bueno, lo soñé y lo soñé, ya sé que son boludeces pero me acordé. Che ¿vamos a buscarlo al Gaita? Vive cerca, no vamos a tardar demasiado. Dale Gallego vení, qué te vas a quedar haciendo solo un viernes a la noche. ¡Mah sí! Si no querés no vengas ¡Pero qué tipo cabeza dura! no quiso saber nada de meterse en un auto con su claustrofobia, y menos para ir a una casa en donde hay milicos – yo con esa gente no me siento a comer- dijo, se quedó tomando mate y nos hizo perder un montón de tiempo. Seguro que los demás se cansaron de esperar y se fueron. Encima Pato recién empieza a manejar y le da miedo ir rápido por Rivadavia. ¡Menos mal! Maneja Magoo, medio bestia el pibe, pero no queda otra, es el único que sabe llegar a Castelar. Dale, che, apurate que llegamos recontratarde. No, no soy ciega, veo que el tránsito es un quilombo, pero mirá la hora que es y recién estamos por Flores. ¡Qué tarado el tachero! ¿qué le pasa? Pasalo de una vez que a la primera de cambio te lo llevás puesto.
Entraron a una calesita fuera de control. Las luces aparecieron como gusanos iridiscentes que arañaban las ventanillas, cada vez más rápido, cada vez más concéntricas. Silencio. Oscuridad. Cuatro pares de ojos muy abiertos. Girar, girar, girar hasta hacerse insoportable el silencio, la oscuridad, las miradas y el seguir girando.
Alguien murmuró tené cuidado.
Alguien dijo no pasa nada.
Alguien se dio cuenta y buscó inútilmente a alguien para proteger.
Y después sí, violento rito de iniciación. El silencio estalló en un golpe seco, chirridos, más golpes, hierros retorciéndose, el ruido eterno de una lluvia de vidrios tintineando sobre el asfalto. Vidrios, vidrios, vidrios rompiéndose, astillándose, explotando, vidrios, vidrios, vidrios. Ni un solo grito.
Pase inaugural.
Una, enmudeciendo ante el horror, deambulando en una ensoñación de ausencia, buscando protección como un perro en medio de una tormenta. Desde ahora y para siempre
Otro, ahogándose en el dolor de sus huesos rotos y expuestos, mirando sin ver. Desde ahora y para siempre
Otra, volando lejos, cayendo, levantándose con las manos ensangrentadas y caminando a pesar de todo. Desde ahora y para siempre
Otro tanteando en el caos, encontrando solamente el chichón de un taco incrustado en su frente. Desde ahora y para siempre.







