Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

Tradición Febrero 28, 2006

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Es una tradición que tenemos desde que nos conocimos a los trece años. Es más, se transformó casi en una necesidad fisiológica. Cada vez que nos juntamos despellejamos al novio, marido y/o amante de turno. Le sacamos el cuero así, a lonjitas finitas, dolorosas. Claro que la pregunta ¿qué hacés con semejante pelotudo? la hacemos en el momento justo, límite, cuando ya no quedan dudas.
Como yo sé cuán insoportable puede llegar a ser ella, cuando me parece que es injusto lo que está contando no le digo -Negra, te fuiste al carajo- (tengo conciencia de clase) trato de tirarle una mano al tipo en cuestión y le busco algo positivo a toda la situación . Como ella sabe cuán insoportable puedo llegar a ser yo, hace lo mismo conmigo. Ahora bien, cuando estoy de acuerdo con lo que me cuenta, soy la primera en afilar el cuchillo y ponérmelo entre los dientes.
La cosa es que ahora la Negra está embarazada, sensible, con las hormonas disparadas y el marido no le da tanta bola como necesita, lo que me molesta bastante, traduciendo, afilé el cuchillito al mango.
Llegó la hora del cuereo:
-Loca, me tiene podrida, no me da ni cinco de pelota, me siento mal y me tengo que ir arrastrando porque no es capaz de hacer nada. Siempre está cansado, pero los fines de semana no está cansado para irse a navegar. Entre una cosa y otra siempre estoy sola. Cuando me separe, si alguna vez me separo, por lo menos no lo voy a extrañar, total no estamos nunca juntos.
-Si, flor de forro, después va a andar moqueando por los rincones.
-Es un guacho, se fue de vacaciones con los viejos y yo me quedé acá porque no podía viajar, le tuve que decir que me llamara por teléfono porque si no, no me llamaba.
-Por lo menos te acompañó a hacerte los estudios genéticos?
- Sí, se vino unos días. Pero es una lucha, en casa hay que hacer un montón de cosas y no hace nada. No terminamos más (se mudaron hace poco) y yo ahora no puedo hacer como antes. Siempre está cansado, parece un viejo.
-Qué querés, es hombre, seguro que si algún amigo se muda es el primero en ofrecerse para ayudar.
-Más vale. Encima la Sra. que viene a limpiar está de vacaciones ¿te pensás que es capaz de hacer algo? Nada. Loca, le da fiaca hasta cambiar una lamparita.
-Y bueno, cuando se dé una hostia contra algún mueble por ahí la cambia.
-No, ni eso, no compramos los muebles, todavía estamos en la etapa de presupuesto, o sea, yo estoy averiguando. Uno de los muebles tiene que ser a medida, lo dibujé, todo, pero hay que presentarlo en auto cad, así que estoy esperando que le agarren ganas. ¿Podés creer que le pesan las bolas hasta para ir al médico? Tendría que haber ido hace un montón porque tiene apnea.
-Qué querés Negra? Tiene paja hasta de respirar.

Podríamos haber seguido, pero fue suficiente por una noche.

 

Charla bautismal Febrero 23, 2006

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Dentro de unos días es el bautismo de Sofía, mi sobrina, y me eligieron como madrina. Entre las obligaciones que conlleva tan honorable título está el asistir a una charla pre bautismal, así que mascullando por lo bajo fui como para cumplir con algo, porque la otra obligación es educarla en la fe cristiana y ahí, pobre criatura, conmigo no va a poder contar.
Bueno, la cosa es que para que no se me note tanto lo hereje me vestí de blanco, pantaloncito amplio de bambula, musculosa. Cuando estábamos por salir de la casa de mi hermano empezó a llover.
-No pasa nada, está garuando, ya para- dijo el salame. Ni bien pusimos un pie en la calle empezó a diluviar, a las dos cuadras el agua nos llegaba a los tobillos, cuando llegamos a la iglesia estábamos totalmente empapados. Entramos a un hall lleno de gente. Silencio total, claro, la bambula mojada se pega al cuerpo, y si es blanca se pone transparente.
-Che boloo! se te ve el orto- exclamó el animal de mi hermano. Si alguien tenía alguna duda, en ese momento se le disipó. Lo puteé por lo bajo mientras trataba de despegarme los pantalones del cuerpo.
Empezó la charla, que no era charla sino encuentro como aclaró la catequista oradora. Nos dividieron por grupos para hacer una tarea religiosa y divertida (¿?) de la que teníamos que extraer conclusiones acerca del bautismo para exponer en el frente. Obviamente mi grupo no hizo nada y me mandó a disertar mí, ya que según mi hermanito yo reunía todas las condiciones, a saber: no trabarme para hablar, tener la cara de piedra, mentir bien y sobre todo, porque por mirar la ropa pegada al cuerpo nadie iba a escuchar lo que decía. Como soy gauchita, fuí, dije un par de boludeces improvisadas y volví a mi asiento.
Puse cara de atención durante el resto del encuentro mientras en mi cabeza sonaba Anybody got seen my baby y pensaba que si mi boca se juntaba con la de Jagger se iba a armar flor de despelote labial, no por la pasión sino por los tamaños.
Después de dos horitas terminó por fin la charla encuentro. Mientras nos levantábamos mi hermanito, para rematarla, me dijo tan sutilmente que nos miraron todos:
-Che Nales, para la ceremonia tapate las cachas o por lo menos ponete un calzón más grande, que si no el cura nos va a sacar a patadas en el culo.
No hay caso, yo que quiero ser una santa siempre termino como una Magdalena.

 

Humo de jazmines Febrero 22, 2006

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¿Sabés? No hay ocasiones perdidas, solamente hay ocasiones ganadas. La esencia no cambia pero el tiempo no te deja igual, entonces cuando busques vas a encontrar a un fantasma. El perderse entre la multitud tiene un costo y es que te vas poniendo duro, ya no creés como antes, ya no amás como antes, ya no perdonás como antes. Sí, las canciones y los dibujos siguen siendo los mismos, pero sin público, porque también parte del costo es meterse para adentro. No es ser ni mejor ni peor, solamente distinto. Los sueños muchas veces nos sostienen, pero también dejan resaca. Y podés soñar con que probablemente el sabor de mi lengua sobre tus labios sea ahora más intenso, o el olor de mi piel más perfumado, o mis caricias mucho más incitantes, pero no me estás soñando, ni me estás queriendo, estás soñando y queriendo la posibilidad del haber sido.
Porque yo, solamente soy humo de jazmines que te vuelven al pasado.

 

Febrero 21, 2006

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Pasan los días y esto no mejora.
Esto agoniza.
Si la cosa sigue así cuelgo todo.
Mal día, mala semana, mal mes, quizás mal año.
Lo peor sería llegar a mala vida.

Quizás lo mejor sea bajar la persiana hasta que amanezca.

 

Pesca Febrero 21, 2006

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Momento Febrero 20, 2006

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Saber donde se empieza pero no donde se termina, no saber específicamente de qué se está hablando, o por ahí tenerlo tan claro que enceguece, o por ahí tenerlo tan oscuro que directamente no se ve, pero el maldito interjuego de saber y no saber siempre en su lugar horadando el cerebro. Estar sombría por fuera y por dentro, ni siquiera enojada, ni siquiera triste, solamente sombría, infinitamente negra, con esa cosa viscosa que suele atenazar la garganta impidiendo que salga algún sonido. Sombría y en silencio, mala combinación cuando se tiene que cruzar el charco y llenarse de mierda hasta las rodillas. Querer descansar y no poder, no encontrar cobijo, ni siquiera un poco de aire. Sentir las piernas flaqueando y sin embargo pintarse la sonrisa y salir con los botines de punta una vez más, porque el tiempo no para ni espera pero se acaba. A la vez un puro presente, perfecto, eterno, presente que evade el pasado y que niega el futuro, presente tan presente que es un vacío lleno de nada. Presente sin anestesia, en crudo, bestial, presente como un muro descascarado. Solamente presente.
Y negarse a morir sin volver a sentir que el alma se le va del cuerpo.

PS: Definitivamente, tres libros de Mishima al hilo me partieron la cabeza.

 

Marcas en la piel II Febrero 17, 2006

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Angel J Febrero 15, 2006

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Puta! Cómo lo extraño! No pasa el día en que no mire para la entrada de la iglesia y me encuentre con su ausencia. Sí, se murió, pero la fuerza de la costumbre me lleva a buscarlo y ante la nada, recordar que ya no está.
Nos hicimos amigos por casualidad, me saludó, le contesté y se convirtió en mi guardián. Nadie entendió mucho nuestra amistad, más que nada porque él solía generar fastidio, rechazo o miedo, los que no le huían se burlaban.
Como Claudio Frolo a Quasimodo, el sacerdote del barrio lo encontró abandonado, comiendo del piso como un animal, casi sin saber hablar, y lo adoptó. Hacía de esto más de sesenta años y desde entonces, igual que Quasimodo, cuidaba de una iglesia, la de Todos los Santos y Animas. Claro que por suerte o por desgracia, en su vida nunca hubo una Esmeralda ni un Febo, ni tocó nunca las campanas, solamente limpiaba la vereda y parecía contentarse con eso y con saberse una criatura de dios, como le había dicho el cura. Su mundo empezaba en Dorrego y terminaba en Newbery, no necesitaba más. Lo que estaba por fuera le parecía amenazador, sería por eso que insistía en acompañarme cada mañana hasta la esquina de mi trabajo y cada tarde hasta la esquina de Dorrego.
-Así no te pasa nada, amiga, y si yo no estoy te va a cuidar dios, amiga.
Porque yo era Amiga, no el nombre que me preguntaba todos los días e inmediatamente se olvidaba, era nada más que Amiga. Los días en que necesitaba un cariñito yo era Amiga Linda o Amiga Buena. Los días en que sentía que estaba dejando de ser él, me mostraba los documentos y yo era Amiga Mirá Acá Dice Que Soy Yo. Los otros, los días en que la agresividad le transformaba la cara, no se me acercaba, me miraba desde lejos, acurrucado en el portal de la iglesia agarrándose fuerte los brazos.
Le gustaba hablar y perderse en la maraña de palabras teniéndome como testigo y a mí me gustaba acompañarlo, seguirlo a través de los laberintos sin señales por los que agarraba. De una u otra manera recorríamos sus miedos hacia la gente mala y su certeza de que dios lo escuchaba cuando le pedía que me protegiera.
Se fue apagando de a poco.
Cuando el cáncer ya casi lo había devorado cortó el hilito que lo ataba apenas a la realidad y se murió como vivió, sin pena ni gloria.

 

San Valentin Febrero 14, 2006

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El único amor para toda la vida en el que creo es este. Además, es incondicional.

 

Recuerdos del futuro Febrero 10, 2006

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Quién lo diría, yo en París, tratando de recuperar del olvido las palabras que Madame Marie tanto había machacado durante los cinco años de mi secundario en el Sacre Coeur.
Ya había terminado el congreso pero decidí quedarme unos días más para evitar el tumulto familiar que solía agolparse en mi casa para fin de año. Preferí quedarme conmigo misma, mi soledad y mis recuerdos en un lugar en donde nadie me conocía ni me entendía demasiado, habían sido tantos los años de hablar en el vacío que no tenía ganas de emitir palabras de la boca para afuera. Aparte el calor en Buenos Aires era agobiante para esa fecha, sí, era mejor quedarse cobijada por el frío de la vieja Europa.
Hice vida de turista, recorrí museos, paseé. Me metí en cuanto cafetín encontré. Linda la sensación de entibiarse con el solcito que pasa a través del vidrio, leyendo envuelta en una bruma de olor a café con la cadencia del murmullo francés de fondo.
Llegó nomás el 31, último día del año. La febrícula festiva tomó por asalto a la ciudad. ¿Qué iba a hacer? El primer impulso fue quedarme en el hotel tapada hasta los ojos para no enterarme que afuera la vida cobraba bríos con la llegada del año nuevo, pero por primera vez en toda mi estancia no quise quedarme sola con mis recuerdos. El conserje de turno chapuceando una mezcla de francés y español me indicó como llegar a un tugurio en Montmartre, creí entenderle que ahí se juntaba gente de todos lados para pasar la noche vieja. Pedí un taxi y fui.
Cuando llegué me arrepentí, parecía una réplica de los salones tangueros de San Telmo, además estaba lleno de gente y yo sin reservación. Mientras trataba de hacerme entender por el tipo de la puerta llegó un grupo grande.
–Che ¿Sos argentina?- Escuché que decían a mis espaldas en un porteño inconfundible. Me di vuelta asintiendo, para encontrarme con un pelado de bigotes enormes
Si no tenés mesa podés quedarte con nosotros. Bah! Si querés-. La verdad es que no quería, pero conseguir transporte a esa hora se iba a poner complicado, así que acepté. Era una compañía de teatro formada en su mayoría por ingleses que estaban de gira por Europa. Además del pelado había otro argentino, un tipo taciturno, parco, amargo, que me saludó con un gruñido. Me senté entre dos ingleses que fueron perdiendo la flema con el fluir de las copas y, a pesar de no hablar ellos una palabra de español y yo ni una de inglés nos entendimos perfectamente. Enfrente mío estaba el argentino parco. No sé si porque estaba medio borracha o qué, pero el tipo ya no me parecía amargo, sino infinitamente triste.
Toda la compañía se puso a bailar tango, se sumó el resto de la gente, solamente quedamos sentados el parco y yo. Imposible entablar una conversación, me dediqué a seguir emborrachándome.
De repente se apagaron las luces, la cuenta regresiva, campanadas. La gente dejó de bailar.
Doce…once…diez…
Empezaron a formar un círculo mandálico alrededor de una mesa. Sentí que me agarraban por debajo de los brazos y me paraban de un tirón.
Nueve…ocho…siete…
El parco se subió a la mesa que hacía de centro al mandala.
Seis…cinco…cuatro
Empezó a desabrocharse la camisa
Tres…dos…uno
Con la última campanada hundió las manos en su pecho y se arrancó una espina suspirando de alivio. La luz de los fuegos artificiales que entraba por el ventanal iluminó la primer sonrisa que esbozaba en años.

 

El cumpleaños de Trixie Lou Febrero 8, 2006

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Hace unos días nomás fue el cumpleaños sesenta y pico de Trixie. No fui invitada, ya que el color de mi piel, mi pelo e ideología provocaron que fuera expulsada de Trixielandia. Lástima, momentos como esos son dignos de ver.

Trixie se despertó temprano esa mañana, pero se hizo la dormida para no tener que prepararle el desayuno a Luchi que se iba a trabajar. Una vez sola, se levantó, era un día espléndido. El moho podrido que la habitaba la saludó, le dio besos y abrazos y le pidió que saliera un rato a caminar, le estaba preparando una sorpresa.
Toda excitada se fue hasta el kiosco de diarios a comprar una revista de palabras cruzadas. En el trayecto cayó en la cuenta de que ninguno de sus hijos la había llamado para desearle felicidades. Claro, cómo la iban a llamar, si desde que estaban con esas dos yeguas les había cambiado la cabeza. Sus bebés, tan rubios, tan buenos… Esas dos tilingas, esas dos negritas de mierda, esas dos soretes de casta de sirvientas se los habían arrebatado, seguro que cogiendo como putas, como las sirvientas putas que cogían con Luchi. Pero no importaba, pensó, ya tomaría cartas en el asunto, esa misma noche les iba a prender unas velas negras delante de fotos dadas vuelta y llenas de alfileres, no sabían con quién se habían metido. -A esas dos hijas de puta habría que cagarlas a tiros, pensó mientras entraba a su casa.
-Sorpresa!!! Gritaron todos. La casa estaba transformada, llena de globos, con la mesa tendida y, presidiéndola, el gran hongo podrido. Estaba La Giménez, tan bonita y tan buena comediante que no entendía como no la habían nominado para un Oscar. También estaba el Negro González Oro, que a pesar de ser morochito era tan simpático y ocurrente. No lo podía creer, Sofovich y Chiche Gelblung habían sido invitados, la estaban saludando, qué importaba que fueran judíos si eran tan elegantes y conocedores que hasta parecían “dotores”. Y por último ¿a quién vio? A Lage, sí, Lage, tan buen mozo y con esa voz que de sólo escucharla hacía que se mojara entera. ¡Cómo la conocía y quería su hongo podrido! ¡Qué fiesta hermosa le preparó! ¡Hasta champán del bueno había comprado!
¡Cómo se estaban divirtiendo! Se sentía lo que era, una reina. Y este Lage, qué atrevido, las insinuaciones que le estaba haciendo! Qué loco!
En lo mejor de la fiesta, el ruido de las llaves.
-Qué hacés Tri, tomando mate en la oscuridad? Tás loca vos?
-Te estaba esperando Luchi, pensé que me ibas a llevar a algún lado ¿te olvidaste que hoy es mi cumpleaños?
-Ya sé Tri, ya sé, pero son las once de la noche, estoy molido, no tuve ni tiempo de comprarte alguna boludez.
Mientras subían la escalera lo olfateó como un perro, hedía a perfume barato, a sirvienta, a revolcada. Si no lo había cagado a tiros todavía era porque necesitaba a alguien que la mantuviera, pero ya iba a llegar el día, ya iba a llegar.
Se acostaron espalda contra espalda. Luchi empezó a roncar casi inmediatamente mientras a ella el odio la consumía. Se revolcó furiosa entre las sábanas hasta que sintió una mano húmeda y cálida en su cadera, casi saltó en la cama del asco de pensar que Luchi estaba intentando una vez más lo que ella la había dicho una y mil veces que no volvería a hacer. Se quedó petrificada, era Lage que le suplicaba al oído –Cogeme, cogeme. Lo sintió en todo su cuerpo, en sus manos, en su boca, en sus tetas, en su culo, en su concha, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para que Luchi no se percatara del movimiento, tuvo que morder la almohada para que sus gemidos no rompieran el silencio de la medianoche.
Con los dedos aún sobre su marchitado clítoris se durmió pensando que había sido el mejor cumpleaños de toda su vida, mientras el hongo podrido que la habitaba le cantaba una canción de cuna de locura, pasión y muerte y, le prometía que ese día ya iba a llegar, ya iba a llegar.

 

Sueño de una noche de verano Febrero 8, 2006

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Estábamos en un quincho, reunidos para comer un asado. Éramos muchos, todos conocidos. En la mesa, apartados, estaban ellos dos con la bruma de locura que los acompaña siempre. Ella con los pelos alborotados, hablando sola, él, con su expresión de cordero degollado, mirando para abajo y asintiendo cada vez que el murmullo de ella subía un par de decibeles. Tenían un bebé de unos seis meses a upa. De pronto el bebé se puso a llorar, tenía hambre y ellos, muy preocupados, empezaron a exigir que preparáramos rápido un pedazo de carne para darle al crío. La carne todavía estaba congelada y hecha una pelota, entonces la agarré con las manos como para darle calor y descongelarla pronto. El que estaba a cargo de la parrilla puso más carbón. Como pude corté un trozo y lo puse sobre las brasas, los gritos de la criatura nos estaban volviendo locos. Se hizo muy, muy rápido, con esos tiempos locos que manejan los sueños. Puse la carne en un plato y se los acerqué, el chico gritaba cada vez más fuerte. Ellos agarraron la carne recién hecha y se la comieron mientras el bebé seguía desgañitándose, tirado en el piso.

No sé si me desperté y pensé o si seguía dormida y soñé que pensaba, cómo es que la gente horrible en lo cotidiano no puede ser despojada ni siquiera en sueños del halo de miseria, egoísmo y espanto que los recubre como una coraza.
Mientras mi mente iba de a poquito entrando en otro sueño, se me cruzó que tal vez el significado último sea un aviso de que ya es tiempo de descargar un poco más de la mierda que esa gente supo depositar en la trastienda de mi vida. Si, va siendo tiempo.

 

Marcas en la piel I Febrero 6, 2006

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El Brete Febrero 3, 2006

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Andaba por esos andurriales con calles de barro, preguntándose con miedo para qué se había metido en semejante brete. Pensaba que si el auto se quedaba en medio del fango y de la noche, no sólo no lo ayudaría nadie, sino que además le iban a afanar hasta las pilchas.

Felizmente la lluvia había parado y a dos cuadras un débil farol iluminaba una calle que parecía asfaltada. Allí quizás podría ubicarse mejor y emprender el camino de regreso.
¡Qué ganas de estar en casa!, dijo en voz alta, como para darse ánimo, exorcizando el fantasma de una pinchadura o un desperfecto mecánico en esos suburbios.

Dobló a la izquierda por la calle asfaltada, divisando a lo lejos una persona que aparentemente esperaba el colectivo. Se acercó, bajando la ventanilla del lado de la vereda, y cuando estaba por preguntarle a la joven por la avenida más cercana, se desplomó al piso cuan larga era, con la cabeza hacia atrás y los ojos en blanco, con un grito seco que sonó en el silencio de la noche.

Durante un segundo mil ideas cruzaron por su cabeza. ¿Y si es una trampa y me afanan?, ¿y si está muerta?, ¿qué carajo hago?, ¿salgo rajando?, ¿la ayudo?. Miró alrededor en busca de cómplices de la chica o de ayuda. No había nadie más que él y ella. Se decidió a bajar del auto, acercándose rápidamente. Recordó mentalmente el curso que había hecho sobre resucitación y cuáles eran los pasos a seguir. Puso a la joven boca arriba. Tenía el pelo mojado y la ropa húmeda y sucia. Tomando una de sus muñecas se fijó si tenía pulso. Por suerte sus venas latían aceleradamente.

Aflojó una bufanda que la chica tenía alrededor del cuello y a duras penas consiguió desabrochar el botón del jean en el que estaba literalmente enfundada. ¿Cómo hará para ponérselo?, pensó para sus adentros. Notó que una de sus mejillas se había lastimado al caerse. En cuclillas, volvió a mirar en derredor buscando a alguien, o algún negocio. No pasaba un alma a esa hora de la noche.

Mientras trataba de ordenarse mentalmente, buscando en su cerebro alguna alternativa posible, la chica empezó a estremecerse violentamente, con convulsiones que golpeaban contra el suelo su cabeza, sus brazos, sus piernas. No sabía cómo protegerla, cómo evitar que se lastimara más. Gritó con todas sus fuerzas pidiendo que lo ayuden, socorro, auxilio; mientras trataba vanamente de inmovilizarla. Fugazmente recordó que los epilépticos pueden ahogarse con su propia lengua o mordérsela, pero no conseguía abrirle la boca.

Montado sobre ella, se preguntó cuánto podría durar este ataque, se sentía cansado frente a esa fuerza sobrehumana que se le oponía. Vino a su mente una imagen de su niñez, cuando jugaban entre hermanos y primos a Titanes en el Ring, y ganaba el que mantuviera la espalda del adversario contra el piso hasta contar tres. Pero esta vez no era joda.

De pronto, escuchó el ulular de una sirena muy cerca. Aliviado, pensó que en la ambulancia podría haber un médico, aunque sea un enfermero que entienda algo. Y que se hagan cargo, y que yo pueda volver a la seguridad de mi auto, y me pueda ir a mi casa, calentito y seco, donde están los que me quieren, y yo les cuente que cumplí con mi buena acción del día.

Una luz roja intermitente iluminaba cíclicamente la esquina y se escuchaba un motor regulando. Gritó nuevamente pidiendo ayuda.

Escuchó entonces una voz aguardentosa que le decía:

¡ Yo te voy a ayudar, violador hijo de puta !. Mientras le apuntaba con una Itaka que sonó en la noche con un estampido fuerte, imprevisto, sorpresivo, que se fue alejando con un eco extraño y reverberante. Sintió como un empujón que lo volteó y un ardor quemante en la espalda. Quedó mirando al cielo, sintiendo en su cara que empezaba nuevamente a llover, suponiendo que la bala lo habría rozado, porque la espalda ya no le dolía. Pensaba cómo iba a hacer para aclarar este gran malentendido. Veía borrosas figuras uniformadas que dieron paso a una luz intensa. Su último pensamiento fue: qué boludez esto de morirse de confusión.

CARLOS IÑON 4 de Noviembre de 1993

 

Jugando Febrero 3, 2006

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Aunque no lo crean, esta es la foto de un parcial en la Facultad de Psicología de la UJFK.

La charla giraba alrededor de jugar, ganar y perder. Me salió así, como me sale todo, sin tamizar, que quizás lo interesante sería hacer el juego lo suficientemente entretenido como para que, en caso que te toque perder, no sientas tanto la frustración de la derrota.
Después de unas horas me acordé de esto y busqué la foto.
Todo empezó con tener que presentar un trabajo grupal para reemplazar un parcial escrito. La consigna era hacer algo que tuviera que ver con la materia, pero con contenido y forma a elección. Tedioso, si, mucho.
Frente a esto ¿Cuál es la reacción típica de un estudiante de psicología? ponerse a preparar algo muy profundo, cargado de significación y, ejemplificar con una película muy densa o muy superficial o, en se defecto, aplicar los conceptos a un texto Bucayesco cargado de aforrismos. El fin último, que se convierta en una experiencia que lleve al in sight. ¿Cuál es la reacción típica de un estudiante de psicopedagogía? preparar algo muy profundo, cargado de contenido y ejemplificar con materiales medio infantiloides. El fin último, que se convierta en una experiencia educativa. Bien, como en mi grupo, todos de psicología, de estudiantes teníamos poco y de típicos menos hicimos lo que se ve en la foto, nuestro único fin era zafar la materia. Obvio, intentamos en primera instancia lograr algo serio, pero no se nos caía una idea. Entonces empezamos a jugar, pasamos a querer a hacer algo para reirnos.
Carlos trajo un trabajo sobre los distintos modos de pensar, ya teníamos la base teórica. El tedio fue cediendo paso a la diversión, teníamos que elegir la forma. Pensamos en disfrazarnos de Power Rangers, pero la panza de los muchachos y el culo caído de las muchachas no daba para el trajecito ajustado. Pasamos a una historia de extraterrestres, pero se necesitaba mucha producción. Hasta que llegamos a ser neuronas (sí, los de la foto están disfrazados de neuronas, no me busquen, estoy fuera de cuadro). Con un guioncito muy ridículo preparado por mí nos mandamos a representar la fantochada.
Situación bizarra para un viernes a la noche, cuatro tipos de entre 35 y 50 años jugando a ser neuronas de distintas partes del sistema nervioso, frente a la mirada estructurada de otros 30 tipos más un profesor, con Memphis como música de fondo. Resultado, nadie llegó al in sight, nadie tuvo una experiencia educativa pero absolutamente todos nos divertimos.
Cumplimos la consigna? si. Zafamos la materia? si. Ganamos el juego.
Y si no hubiéramos aprobado? Claro, hubiéramos jugado y perdido, mala suerte. Igual nos cagamos de risa.
 

Besame Febrero 1, 2006

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Quiero que me busques. Quiero que me encuentres. Quiero un lugar oscuro y calmo donde solamente haya espacio para un sentido. Quiero tu boca rozando apenas la mía, suave, muy suave. Que cada roce te acerque más al centro, leve, muy leve. Que tus labios presionen apenas los míos, que los tomes de a uno entre los tuyos, muy suave, muy leve, apenas y, que vuelvas a rozarme. Quiero mi boca abriéndose en la tuya y la tuya abriéndose en la mía, no tan suave, no tan leve. Quiero tu lengua descubriéndome, tanteándome, explorándome. Quiero tu lengua encontrándose con la mía, tocándose, abrazándose, fundiéndose. Y que volvamos a empezar. Quiero encontrar tu boca directamente en su centro, tomar tus labios con los míos, lamerlos, abrirlos con mi lengua y descubrirte, tantearte, explorarte, encontrar tu lengua haciendo desesperadamente lo mismo que la mía. Y abandonar por un momento nuestras bocas. Encontrar la curva de tu cuello mientras encontrás la mía. Y subir, besando, lamiendo, mordiendo apenas, hasta no saber si es tu respiración o la mía.
Y volver a empezar, ya no suave, ya no levemente.