Mitad del vaso

No puedo vivir conforme a ejemplos, ni voy a representar jamás un ejemplo para nadie, pero en cambio voy a darle forma a mi propia vida de acuerdo conmigo misma, eso sí lo voy a hacer, pase lo que pase. Lou Andreas Salome

Desafío 2 Enero 31, 2006

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Nuevamente al curiosear blogs amigos me encuentro con otro desafío de
Rain, esta vez se trata de poner cinco virtudes, cosa que se me dificulta bastante, sobre todo por que muchas de las que yo podría considerar virtudes para el resto del mundo caen en la categoría de defectos. Pero bueno, se trata de lo que yo creo, así que dejo de lado al resto del planeta y paso a exponerlas

1) Trato en lo posible de no hacer cosas que me molesten/fastidien/incomoden, por lo tanto una de las cosas que omito en mi vida es planchar. Espero poder llevar las arrugas de mi cara con tanta altivez como llevo las de mi ropa.
2) Intento, también dentro de lo posible, ser autosuficiente y no depender de nadie. Entre otras cosas pinto paredes, pongo enduído, lijo, rasqueteo madera, clavo, uso taladro, cambio cueritos, revoco. En una época metía mano en la instalación eléctrica hasta que hice volar todo.
3) Me preocupo por la gente que aprecio y trato de tirar una soga cada vez que creo que lo necesitan, aunque a veces quede como una reverenda pelotuda.
4) Trato de hacerme responsable tanto de mis aciertos como de mis errores, aunque me cueste un huevo y la mitad del otro (en el caso de los errores, claro).
5) Hay cosas que me dan mucho miedo, igual las enfrento, lo que me lleva, entre otras cosas, a reaccionar bien en situaciones de emergencia o límites (aunque después que pasan quede temblando durante una semana).

Alguna más debo tener, pero no se me ocurre.
Como dije con el primer desafío, si alguien más quiere sumarse, bienvenido sea.

 

Enero 30, 2006

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Tengo ganas. Suspendo todo lo que debería estar haciendo, me pongo adelante del teclado y… nada, solamente las ganas. El cursor titila incansablemente esperando que mis dedos se dignen a presionar una tecla siguiendo una orden de mi cerebro que se activó por algún recuerdo real o imaginario y… nada, solamente las ganas y el titilar. Me pierdo en el aparecer y desaparecer de esa rayita vertical, prendo un cigarrillo, pongo a Oasis, espero y, solamente el cursor, el humo, la música, las ganas. Me meto adentro mío para bucear un no sé qué que inevitablemente no encuentro, mi mente es una tábula rasa, pura materia inerte que repite en un autismo cerrado la canción que sale de los parlantes. Nada, sin embargo las ganas y las palabras, totalmente innecesarias cuando no se encuentra qué describir o contar. Las palabras que a veces me faltan hoy me sobran, como un libro olvidado que nadie lee. Me quedo llena de palabras para no expresar, para no decir, palabras vacías. Paro, busco café, no hay caso, la cafeína no es droga lo suficientemente fuerte como para desatarme, sigo intentando. No hallo nada para hilvanar o deshilvanar, solamente ganas que no se extinguen, ganas como fuego , ganas que me vuelven llama de colores cambiantes, amarillo, naranja, azul, llama a merced del viento. Otro cigarrillo. Otra pausa. Mi cuerpo se mece automáticamente con la música. El incendio se aviva alimentándose de lo no dicho que no tiene qué decir, pero nada adentro cobra el sentido suficiente como para apagarlo. Entonces sigo una y otra vez, una y otra vez me choco con la nada, y en cada choque, las ganas. Otro cigarrillo más. Little by little. Y esta metonimia del deseo que no se acaba.

 

Barney Enero 27, 2006

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Era una bolita blanca, flacucha y llena de pulgas que salió de adentro del motor de un camión. No estaba muy bien, se ve que hacía tiempo que andaba vagabundeando. La calle es mal lugar para un cachorro de cualquier especie, sobre todo en los albores del invierno. Obvio, tenía frío y hambre, además de un susto padre.
Me dijeron -Dale, vení a verlo, para verlo nomás.
Me dió un poco de fastidio abandonar la calidez de mi oficina y caminar abajo de la lluvia, pero fui.
Estaba hecho un ovillo en el rincón de una cajita, lo levanté, me pareció que tenía un poco de fiebre. Me clavó su mirada turquesa medio bizcocha, como diciendo que se estaba entregando.
Yo tampoco andaba muy bien, así que le pregunté -Querés venir a casa?
Me dedicó su primer miau, entonces me abrí la campera, lo puse adentro, lo abrigué bien y nos fuimos abrazados maullando nuestras desventuras abajo de la llovizna finita del 24 de mayo.

Lo bauticé Fortunato, pero lo rebautizaron Barney.

 

Duda aviar Enero 24, 2006

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Por qué será que hay veces en las que siento que se me abrió la pajarera?

 

Preludio Enero 21, 2006

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Voy a empezar a tachar los días como un preso, como un condenado a muerte, como un condenado a la libertad. Voy a empezar marcando mi cuerpo para siempre para testimoniar que hay cosas tan inevitables como la misma muerte. Cada punto quizás sea un día, no importa, para mi va a ser el preludio de lo que tanto vos como yo sabemos más allá de las palabras, pero te repito, no importa, la suerte ya está echada y hecha también, solamente nos queda seguir las huellas del destino, no hay opción. Y tal vez en algún punto me arrepienta, pero no hay vuelta, es una reacción en cadena, una cascada a tu historia conmigo y a mi historia con vos, es lo que tiene que ser porque hacia eso nos dirigimos desde el principio con total claridad. Cada paso que dimos y que damos nos acerca, ya lo sé, ya lo sabés, no hay forma de zafar. Y vas a ser vos, y voy a ser yo, redimidos, con una nueva oportunidad por más cosas que queden en el camino, porque en definitiva de eso se trata, vos, y yo, sin más vueltas. ¿Entendés? Vos. Y yo. Sólo resta esperar, hay cosas que el tiempo con sus tiempos resuelve cuando no queremos tomar las riendas, es eso, cuestión de tiempo, nada más, tanto y tan poco. Y esto no para la vida de nadie, excepto la tuya, y la mía, que es lo único que cuenta, por que es la historia de tu historia, y de tu historia con la mía.
Vos.
Y yo.
Nada más.

 

Buen fin de semana Enero 20, 2006

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Qué tengan un fin de semana apacible y de recogimiento.

 

Desafío. Enero 19, 2006

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Curioseando blogs amigos, me encuentro con que he sido desafiada por Rain a exponer mis defectos. Como este es mi confesionario público, ahí va lo requerido:

1- tengo mecha corta y exploto rapidito.
2- soy extremadamente guaranga, tanto en palabras como en gestos, al punto de hacer ruborizar a mis compañeros varones.
3- soy inconstante.
4- cuando alguien o algo me jode no hago el más mínimo esfuerzo por ocultarlo, todo lo contrario.
5- detesto equivocarme.

Tengo un par más, pero solamente hay que poner cinco.
Si alguien quiere sumarse, bienvenido sea.

 

Aguas calmas Enero 18, 2006

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nada Enero 16, 2006

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Lunes, encima lunes después de vacaciones, no podía ser peor. O sí, porque Blogger acaba de eliminarme un post del que obviamente no tenía copia ni nada que se le parezca. Así que acá estoy, dándole pelea desde el Word. No puedo sacarme esta telaraña somne que me nubla el cerebro y los avisos del Outlook se abren sin cesar desde las 09,00, los cierro sin mirarlos ¿para qué? No tengo ganas de nada, ni siquiera de darle bola a la gramática. Estoy tratando de reacostumbrarme a este teclado, configurado distinto que el de casa, así que sepan disculpar si aparecen signos invertidos o diéresis en lugar de acentos. Parece que todo es cuestión de costumbre y adaptación. Estoy jodida, el tema de la adaptación no se me da muy fácilmente. Y con la costumbre a veces me acostumbro, con lo cual estoy más que jodida. Cualquiera diría que tengo un mal día, en realidad no es ni bueno ni malo, solamente es un día vacío afuera en el que los pensamientos se me disparan adentro, así que también sepan disculpar el caos que me habita, hoy no tengo ganas de darle orden. Para colmo ando cargando con la resaca de un sueño repetido. Al pedo que lo cuente, no hay nadie que conozcamos, o a lo mejor si, igual lo importante no son los personajes sino el contenido, pero eso me lo reservo. De todos modos está condenado a vagar eternamente en el limbo porque es del orden de la imposibilidad, de esa imposibilidad que construye al deseo en su estado más puro y que por el simple hecho de ser deseo tiene la condición de la insatisfacción. Y entonces me pregunto qué sentido tiene esta exposición, si la mayoría de las veces soy yo la única que creo que entiende el por qué de lo que escribo. Me tienta (y veo que somos varios) el volver a los papeles, a lo mío solamente para mí, a la catarsis personal. Después de todo no soy escritora ni nada que se le parezca, no es mi profesión ni mi oficio, no me interesan los premios ni las menciones, no me interesa la literatura como ejercicio, escribo porque me gusta, lo que me sale y como me sale, así, a borbotones, limitado. No sé, no tengo nada pensado ni estoy en condiciones de ponérmelo a pensar, el boleo pre-febril de esta angina de verano me está estragando. Mejor sigo otro día. Mejor.

 

Gataflorismo. Enero 15, 2006

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Esteeeee…
No sé cómo decirlo…
Pero ya la lluviecita me está rompiendo un poco las pelotas.

 

Recuerdo Enero 13, 2006

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Era su primer recuerdo.
Redondo, lustroso, marrón casi negro, con esos ojos azabache insondable que la invitaban permanentemente. Parecía un cascarudo gigante, de esos que aparecen en las nochecitas litoraleñas.
Estaba alto, muy alto para sus apenas dos años, pero ella lo miraba fascinada, sobre todo porque le habían dicho una y mil veces que no se tocaba.
¿Qué escondían esos ojos profundos? ¿Qué secreto custodiaban?
Una tarde se armó de valor, sola en su cuarto cuando todos la creían dormida. Se encaramó a una silla y lo hizo. Tocó los ojos del cascarudo y…nada. Lo acarició y…nada.¿Qué pasaba con ese bicho dormido? Quizás había que despertarlo, entonces metió sus dedos índice y mayor que calzaban justo en esas órbitas ciegas. El insecto la atrapó de repente, le mordió tenazmente sus deditos sacudiéndola entera hasta que después de un instante eterno la escupió con todas sus fuerzas. Quedó tumbada y aturdida en el piso, pero complacida por haber descubierto el secreto de los ojos negros, sintiendo en su brazo todavía el cosquilleo eléctrico de la mordida ocular del cascarudo. Después de unos minutos hizo lo que se esperaba de ella, gritó, lloró, pataleó buscando la atención de sus padres y confesó haber hecho lo que no debía.
A partir de ese momento se regodeó enfrentándose a los NO. Los SI no le interesaban, no escondían nada. Lo prohibido tenía otra envoltura, otro sabor, un secreto a develar que ponía a prueba su siempre insatisfecha curiosidad.
Y se dedicó a desafiar, siempre, en cada momento que su voluntad se encontraba con una negativa. Se dedicó a jugar con el límite. Cada vez que la previnieron se tiró de cabeza, algunas veces satisfizo a medias sus ansias de descifrar lo oculto, otras quedó tumbada llorando, como la primera vez, pero siempre complacida también como la primera vez.
Más tarde, ya adulta, alguien (y más de uno) le dijo – Qué ácida que sos, vos siempre estás metiendo el dedo en el culo-. No le importó, su curiosidad no tenía límites y sabía que detrás de los ojos oscuros siempre había una verdad por develar, una conexión por establecer, aunque solamente fuera para ella.
La tildaron de impiadosa, de rebelde, de incorfomista, de insatisfecha, de antisocial, pero siguió metiendo sus dedos en donde los otros pensaban que no debía. En algunos casos hizo la diferencia para el otro, en otros casos hizo la diferencia para si misma.
Y hasta donde sé, sigue con su práctica de meterse donde NO debe, de meterse donde NO la llaman, de tirarse de cabeza donde NO puede, de buscar descifrar los jeroglíficos ocultos en ojos azabaches insondables, porque sabe o intuye que atrás de ellos está la libertad, la de ella misma y la de los otros.

 

Cerezas y sandía Enero 11, 2006

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Dos frutas, dos sabores tan distintos y a la vez tan dulces, dos lugares, dos momentos de uno solo.
Cerezas, tan chiquitas, Esquel, la casa de los abuelos, los árboles, el olor a las rosas de la abuela, las mañanas sentada en una rama escribiendo o dibujando en mi cuaderno y disfrutando de ese gustito dulce y ácido entre palabra y palabra o entre trazo y trazo.
Sandía, tan grande, Reconquista, la casa de Ñata, la siesta de calor abrumador en la galería con olor a jazmines con un trozo de frescura rosa intenso deshaciéndose en mi boca.
Cómo es que la gente se parece tanto a lo que la tierra de su tierra produce!
Ellos, tan callados, con tantos secretos, con un carozo grande de cosas no dichas metido en su carne. Ella, tan abierta, tan jugosa, tan para todos…
Ellos, tan curtidos por el viento incesante no tuvieron otra que enquistarse en lo no dicho. Ella, tan floreciente por el calor y la humedad imperante solamente se ofreció.
Y cada vez que yo iba ahí estaban, las cerezas y la sandía, tan distintas y tan dulces, en lugares tan distantes, solamente para mi. Los lagos, las truchas relucientes que saltaban para mostrar la perfección del sol brillando en sus escamas, las noches frías, los días intensos. El río fangoso, las ranas, los mosquitos y el calor agobiante de día y de noche, y las chicharras, y los grillos.
Cuando ya el tiempo se llevó a los abuelos, a los cerezos y a mi infancia, quedó Said que siempre me recibió con una bolsa rebosante de cerezas compradas en La Anónima y el Pechocha en los labios. Y el viento, el viento incansable que barría todas las historias y dejaba solamente nuestra realidad de cerezas, de no decir . ¿Para qué? si entre nosotros ya estaba todo dicho, si por sobre todo el peso del reproche de la historia habíamos fundado la conexión del cariño. Teníamos las cerezas y el olor de las rosas de la abuela, el color de las mismas rosas y el del Nahuel Pan al atardecer, el verde del Lago Verde, el azul pedregoso del Futalaufquen. No necesitábamos más.
El tiempo con su tiranía se los fue llevando de uno en uno, de vez en vez. Nilo, Carlitos, Yiye, Pichina. Los que quedaron se volaran con el viento por toda la patagonia. Solamente quedó él, Said, el cancerbero, el guardián de las almas.
Cuando ella se fue, no pude regresar al dulzor de la sandía y al perfume embriagante de los jazmines, quizás porque solamente yo soy la guardiana de su alma.
¿Para qué volver ahora? Sería como ir a dos pueblos fantasmas.

Cerezas y sandía, dos frutas, dos lugares, dos raíces de un solo origen

 

No puedo más Enero 10, 2006

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Con 40 grados a la sombra, lo único que puedo articular es el quejido teológico.
AY DIOS!!!!!

 

Encuentros Enero 5, 2006

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Se encontraron por primera vez un cuatro de junio. Ella la conoció antes que a su madre y a su padre. No puedo decir que la vió, porque sus ojos cegatos de recién nacida no distinguían más que sombras, pero la sintió en todo su cuerpito. Fue un encuentro efímero pero intenso que marcó su voluntad de entrada y para siempre.
Algo de eso quedó registrado quién sabe donde, pero quedó. Ella la buscó incansablemente, se convirtió en una niña dibujante, dibujaba todo lo que tenía a su alcance, papeles, paredes, hasta su cuerpo, tratando de alcanzarla en algún trazo. No lo logró.
Cuando ya ese cuasi recuerdo estaba a punto de esfumarse definitivamente se volvieron a encontrar, esta vez en un tren una mañana de marzo volviendo de Reconquista hacia Buenos Aires, el día que empezaban las clases. La sintió pasar, la sintió acariciándole el pelo renegrido, susurrándole al oído que todavía no era el tiempo. Y se quedó tan ensimismada pensando en la frase que no se dió cuenta de la desesperación de los que la rodeaban que la revisaban buscando alguna herida.
Supo así que no era su imaginación, no era un falso recuerdo.
Siguió buscándola no sólo en los trazos de sus dibujos, sino también en los de su escritura y en los de la escritura de otros, pero era esquiva.
Mar del Plata, enero, bandera azul, mar calmo, nuevo encuentro en una corriente que la llevó más de cien metros mar adentro. La envolvió con su calma, le dijo que podía dejar de luchar, que podía descansar, que podía dormir, la tentó tanto tanto tanto, que casi dejó caer la cabeza en su regazo, pero una ola la empujó y esta vez fue ella la que dijo que no era tiempo.
Le quedó un agujero con la pregunta por qué, que intentó llenar de alguna forma siempre inadecuada. Conductas autodestructivas diagnosticaron unos, crisis de la adolescencia diagnosticaron otros. Pobres infelices, ninguno sabía, ninguno podía ni siquiera imaginar lo que es nacer y estar signado por la muerte.
Entonces empezó a buscarla, pero a buscarla en serio. Ya casi la había alcanzado…pero la encontraron convulsionando tirada bajo la ducha. La tuvo tan cerca…se tocaron las manos… pero cuando le estaba por preguntar la sacudió un vómito violento que la volvió a la realidad de la sala de emergencias del Italiano. Tan furiosa estaba que se arrancó la guía del suero y se puso a llorar hasta que quedó seca.
Pensó que ya era inútil, quizás los pobres infelices tenían razón y era una crisis parte del crecimiento.
Se dedicó a vivir, pero siempre en algún lugar de sus dibujos y sus manuscritos se deslizaba algo de la pregunta.
Una noche de joda con amigos se toparon frente a frente, dos de julio, diez de la noche, Av. Rivadavia a la altura de Floresta, un auto después de un par de trompos se quebró abrazando a un árbol. Ella voló, no sabe cuando, se estrelló contra la vereda a cuatro metros del accidente y de nuevo le dijo - Ahora no quiero.
Ya la cosa estaba fea, una sólo quería respuestas, la otra sólo quería todo.
La última vez que se vieron fue un mediodía de febrero, creo que en el dos mil dos, en Chacarita, abajo de un tiroteo. Ella gritó con toda su alma, con sus tripas, todos pensaron que eran gritos pidiendo auxilio por el asalto. Pero no, le estaba gritando que ahora tampoco quería.

 

Me ganó el calor Enero 2, 2006

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Tenía intenciones de postear sobre un instante de detenimiento que tuve en la noche de fin de año, sobre las dos joyitas de Mishima que me dejó Papá Noel en la casa paterna, sobre cómo fue mi primer mañana del 2006 con un gato que cayó literalmente del cielo y mis vecinos de planta baja que se molieron a palos, también literalmente. Tenía intenciones de contar cómo fue que sobreviví a estas fiestas y cómo empecé las vacaciones, pero lo único que me pasa por el cuerpo y por las tripas es este calor pegajoso.Los dedos se me resbalan en el teclado y en el entrepiso en donde tengo mi cuartel deben estar haciendo diez grados más que afuera, así que dejo todo para más adelante.
Besos a todos desde lejos porque hoy no está para el pegoteo, como dice un gran literato contemporáneo, y espero que hayan empezado bien.